9 de February de 2015 19:54

Los niños aprenden sobre investigación y ciencia desde los primeros años

En el Colegio Ecomundo, de Guayaquil,  los niños interactúan con los equipos de laboratorio y buscan información con sus celulares. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

En el Colegio Ecomundo, de Guayaquil, los niños interactúan con los equipos de laboratorio y buscan información con sus celulares. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

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Elena Paucar

Los pequeños biólogos no se conforman con las imágenes de sus libros. Es viernes y en el laboratorio de ciencias naturales del Ecomundo Centro de Estudios, en Guayaquil, 10 estudiantes de noveno año observan bajo el microscopio un grupo de células epiteliales.

Kester Iperty, el maestro de biología, les enseñó cómo extraerlas de su boca y colocarlas en placas para su análisis. Él es solo un guía. Su función, explica, es despertar en los más pequeños -desde tercero de Básica-, la curiosidad por las ciencias, la observación y el análisis. “Solo les doy una pauta. En la práctica, ellos construyen el conocimiento”.

Aprovechar la curiosidad de los niños y darles la oportunidad de explorar es la fórmula que le ha dado buenos resultados a Vince Case, un profesor de Albuquerque, Nuevo México (EE.UU.), quien recibió el 2009 el Premio Presidencial por la Excelencia en la Enseñanza de Matemática y Ciencias en su país.

La semana pasada visitó la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) para compartir con maestros de escuelas y colegios algunos programas que ideó, partiendo del modelo de aprendizaje basado en proyectos. “Si dejamos que los estudiantes hagan preguntas y que se involucren con los problemas del mundo real, entonces se convertirán en aprendices de toda la vida”.

Recolección de datos en campo, observación, análisis y respuestas. Este esquema aplicado por Case en al menos tres de sus programas en Nuevo México. Uno de ellos es Escuela Sobre Ruedas. Dirigido a jóvenes que abandonaron la escuela, el programa abarca clases al aire libre y en laboratorios, y su punto de partida son temas reales que afectaban al entorno de los alumnos.

El Centro de Historia Natural de Montañas Sandía, en cambio, lleva la escuela al bosque. Aquí, unos 100 niños por día hacen excursiones guiadas.

Hacer preguntas de casos reales es otra forma de aprender ciencias. “El profesor solo lanza una pregunta y deja que los alumnos busquen la respuesta, tal como si fueran científicos”, explica Case.

Es un trabajo similar al que realizan en el Colegio Ecomundo. La tarea en la clase del profesor Iperty era identificar las partes de la célula y compararlas con la función de los órganos en el cuerpo humano. Fue el momento de sacar los celulares en busca de información para empezar el debate.

Sandra Castro, directora del área de Biología de Ecomundo, dice que así promueven la indagación direccionada, que ayuda a los estudiantes a ser selectivos en el uso de datos.

Por eso Google no es la única opción para estos alumnos. TDX, SciELO y publicaciones indexadas de la red son fuentes recomendadas. “Son páginas académicas. Si tenemos problemas en las universidades es porque los jóvenes no saben investigar. Esa falencia viene desde la escuela y debemos corregirla”, indica la educadora.

Una muestra de esa falencia aparece en el último informe del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de Educación Superior. En 2013, la evaluación a las universidades reflejó que la categoría investigación obtuvo, en promedio, 0,2 sobre 1.

Para Margarita Martínez, docente de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Espol, el despertar de la investigación científica debe empezar en las escuelas, con la formación de estudiantes curiosos, cuestionadores, críticos y no simples repetidores de información.

Es una filosofía similar a la que practica el israelí Dan Shechtman, premio Nobel de Química 2011, quien estuvo a cargo de un programa para enseñar ciencias a niños de 5 años y que aconsejó a los padres formar hijos cuestionadores de aquello que les rodea.

Para lograrlo, hoy la tecnología es una aliada. En Internet existen varios programas como FabLab@School, de la Universidad de Stanford. El portal de Fundación Telefónica detalla que incluye proyectos académicos para niños en las áreas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Esta idea surgió de The Fab­Lab, un proyecto del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), dirigido a emprendedores para crear negocios bajo un modelo de ‘garaje’, patentado por Silicon Valley.

Es una especie de taller digital, equipado con una cortadora láser, escáneres 3D, fresadoras 3D y herramientas de programación, que ya ha sido incluido -con buenos resultados- en el currículo de varios colegios en España.

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