15 de agosto de 2014 00:00

El estrés afecta al organismo, pero se puede combatir

El estrés puede causar contracturas,  dolor, mareos y  problemas para respirar.
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El Mercurio de Chile.  GDA (I)

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Es domingo en la noche y se siente ansioso y molesto y no es solo porque se terminó el fin de semana. Hay algo más. Llega a trabajar el lunes, y comienza a sentir un pequeño dolor de cabeza y el almuerzo le cae mal. Si tiene alguno de estos problemas usted podría tener estrés. Y se trata de algo de lo que debería preocuparse.

Aunque hoy parece que cualquier cosa se atribuye al estrés y todo el mundo está en ese estado, eso no significa que sea algo “normal” o a lo que no se le deba poner atención. Cada vez más, la medicina se da cuenta de que los estados de estrés crónico no solo producen molestias menores, sino que también pueden enfermar y, finalmente, afectar nuestra cantidad y calidad de vida.

Falta de adaptación

Álex Espinoza, neurólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad Diego Portales y de la Clínica Bicentenario de Chile, opina que el estrés es un concepto que está bien manoseado y extendido, pero que se aplica a múltiples condiciones.

“Es un mecanismo que produce una serie de cambios fisiológicos y de funcionamiento que prepara al cuerpo para la lucha o huida, y que sirve fundamentalmente para la sobrevivencia”, explica.

Se trata de una batería inconsciente de reacciones -frente a las cuales no tenemos control-, entre las que están la dilatación de las pupilas, aumento de la frecuencia cardíaca para que llegue más sangre al cerebro y los músculos, dilatación de los bronquios, liberación de azúcar del hígado y músculos, además se activan las glándulas sudoríparas para compensar la sensación de calor por el aumento del metabolismo, se paralizan los movimientos intestinales, la saliva se espesa, se paran los pelos e, incluso, se genera una falsa sensación de querer ir al baño porque el esfínter se relaja para correr mas rápido.

“Esta serie de cambios están hechos para ser momentáneos -mientras dura la amenaza-, pero el problema es que hoy no estamos frente a un león del cual escapar, sino que las situaciones adversas muchas veces tienden a cronificarse”, explica el especialista. “Esto produce un estado de alerta permanente en el tiempo, lo que conlleva una serie de problemas”.

Aunque cada persona estresada no tiene todas las reacciones al mismo tiempo y con la misma intensidad, todo lo que presente igual le afecta.

El problema de estar siempre alerta, cuenta Carolina Montero, médico familiar y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello, es que el área del sistema nervioso que funciona en forma autónoma y que desencadena las reacciones del estrés comienza a funcionar mal. “Esto es lo mismo que ‘Pedrito y el lobo’, donde después de tanta falsa alerta, el organismo no funciona de la misma forma, generándose un nivel bajo de respuesta. Finalmente, todas las sustancias que se secretan para mantener la alerta se vuelven toxinas”, explica.

Incluso, agrega María Isabel Behrens, neuróloga y académica del Departamento de Neurología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, el hipocampo -zona responsable de la memoria- comienza a trabajar mal, guardando las “falsas” amenazas y, finalmente, produciendo daño en sus neuronas.

La especialista, además, enfatiza que tanto las reacciones como las consecuencias del estrés nunca son iguales. La predisposición genética, la personalidad o las experiencias de la infancia pueden hacer una gran diferencia frente a cuán susceptible es cada persona frente al estrés y que este, finalmente, se vuelva crónico.

“La principal hormona del estrés es el cortisol y es la que nos prepara para responder frente a una amenaza”, agrega René Baudrand, endocrinólogo y experto en hormonas suprarrenales, como el cortisol, de la Red de Salud UC-CHRISTUS. Si bien la presencia de esta hormona es beneficiosa para el organismo cuando se secreta en las cantidades adecuadas, cuando su concentración aumenta o se hace crónica esta se vuelve dañina y se asocia a riesgo de hipertensión y a trastornos metabólicos y del ánimo. El especialista cuenta que se ha estudiado que desde el feto y la infancia se programa cómo será la respuesta al estrés en el futuro. “Recién nacidos prematuros o con bajo peso, o eventos estresantes en el pasado podrían condicionar la respuesta de cortisol a futuros estímulos ambientales”.

Cómo identificarlo

Una de las consecuencias más visibles del estrés es la depresión. “Cuando este es crónico, la persona hace cuadros depresivos recurrentes, de los cuales se recupera totalmente, pero que vuelve a padecer tras algunos años”, explica Manuel Fuentes, psiquiatra.

“A diferencia de una depresión -donde no necesariamente tiene que haber algo puntual que la inicie- el estrés tiene un gatillante claro y mientras ese factor esté presente, la situación no mejorará. Si el problema está en el trabajo, la persona podrá tener y disfrutar una vida normal fuera de él, pero sufrir cuando esté en la oficina. Por eso si se cambia de trabajo, el estrés desaparece”, dice. En cambio, la depresión no permite ni siquiera disfrutar lo bueno.

Por eso, todos los especialistas coinciden en que nunca es tarde para actuar contra el estrés. Identificar qué es lo que produce angustia, cambiarlo en la medida de lo posible o buscar herramientas psicológicas para lidiar con ello es lo primero. Pero también es fundamental disfrutar otras actividades que no sean responsabilidades, comer y dormir bien, y hacer deporte, porque no hay nadie que no tenga un grado mayor o menor de estrés, considera Carolina Montero.

“Si alguien tiene un historial de ser sano y sin grandes enfermedades, y comienza con dolores de estómago o de cabeza, debe consultar. Porque puede ser solo estrés, pero también hay que descartar otras dolencias. En ambos casos hay que buscar soluciones”, afirma.

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