29 de octubre de 2015 18:55

En Quito, ‘Esto es Estopa’

Alrededor de 4000 personas corearon las canciones 'viejas' del dúo, tanto como las nuevas. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

Alrededor de 4000 personas corearon las canciones 'viejas' del dúo, tanto como las nuevas. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

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Flavio Paredes
Editor (O)

Más de 4 000 personas 'le dieron Estopa' a la noche del miércoles (28 de octubre), en el concierto que trajo por vez primera a los hermanos David y José Muñoz a Quito.

Fue una noche para la rumba y la ‘ultrarumba’, para el rock y también para la cumbia, para el formato acústico y para la complicidad de los músicos con ese público que los esperó 16 años para verlos en vivo.

El Ágora de la Casa de la Cultura fue ese techo atravesado por las enardecidas voces que replicaban las canciones que los Muñoz supieron alternar, para dar a su presentación un ritmo consistente y del que se aprovechó la euforia de la audiencia.

No hubo canción nueva –de su reciente placa ‘Rumba a lo desconocido’- o vieja –de ‘Estopa’, ‘Destrangis’, ‘La calle es tuya’, ‘Voces de Ultrarumba’ y otros discos- que no fuera coreada, pedida u ovacionada por chicos y chicas que se comían esa música y las horas ‘cacho a cacho, gramo a gramo’.

Con ese tema se desató el maremágnum de voces que, lideradas por David y José, continuó durante toda esa velada cifrada por la jovialidad y la simpatía de los de Cornellá. Con promesas de que no sería la única vez que ellos visitasen tierra ecuatoriana, con muestras de cariño entre hermanos, con bromas y con palabras sinceras, la música de Estopa se hizo más cercana de lo que de por sí es.

Canciones de la cotidianidad y con un lenguaje descomplicado -sin evadir matices poéticos o tragicómicos- han identificado a esa propuesta deudora de Joaquín Sabina y Pancho Varona, según los mismos Muñoz, quienes homenajearon a esos maestros con la interpretación íntima de Mi primera cana, en el paréntesis acústico del show.

Antes ya hubo tiempo para disfrutarlos calientito, con Vino Tinto y para decirle ‘hasta luego’ a lo que nos contraria, con Pastillas para dormir. El ‘set list’ seguía el orden programado con Me quedaré y Estatua de sal; pero –quién sabe, sino el azar de la noche- el orden se rompió cuando se tocó Run Run y se evitó Hemicraneal. Un capricho agradecido por un público avivado. A la iniciática Tu calorro, le siguieron las nuevas Mundo Marrón y Sin sombrero, irreverentes frente a eso juegos del amor y la muerte.

En solitario José entonó Ya no me acuerdo, tema que ponía en escena a esa Estopa para la noche y las mujeres, para los agravios y las satisfacciones del siguiente día. En seguidilla, Gafas de rosa, quizá la canción que más devela las perspectivas políticas de los hermanos Muñoz. A la interpretación correspondió una breve reflexión sobre la situación socio política de su España que termino con un audaz ‘hijos de p…’ y los ecos de la audiencia. Con Vuelvo a las andadas se inició el set acústico ya mencionado.

Y antes de que esta reseña se convierta en una enumeración de títulos y canciones, decir que Estopa rezuma camaradería y el público cae en ella, los siente parte del barrio, el amigo que te cuenta lo bien o lo mal que le fue con tal chica, que te comparte la anécdota y te mueve a seguir rodando, entre paseos, cervezas, rumbas catalanas y pastillas de freno.

Me falta el aliento, La raja de tu falta, Fuente de energía, Paseo sonaron, una tras otra, con un David gestual, histriónico, entregado hasta el sudor; y un José, hermanado de su guitarra, cómplice, sentido en el canto. La despida y el ‘encore’ que vino con Nadie sabe y Ojitos rojos.

Por supuesto, para terminar estuvo Como Camarón y el deseo de más de uno entre el público de arrancarse la camisa y soltar ese corazón que, con Estopa, sube y baja en ascensores hasta cielos e infiernos, bebe noches y transpira madrugadas, que fuma recuerdos y exhala sentimientos.

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