14 de octubre de 2016 00:00

El esmeraldeño, una lengua propia del zambaje

Caciques de Esmeraldas, con jubón y capa, en una obra de Andrés Sánchez Gallque.

Caciques de Esmeraldas, con jubón y capa, en una obra de Andrés Sánchez Gallque. Foto: Museo de América

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Alexander García
Redactor
(F - Contenido Intercultural)

A falta de otro nombre, los estudiosos actuales la llaman esmeraldeño, una lengua indígena ahora desaparecida, que sobrevivió a la conquista debido al contacto intenso entre poblaciones indígenas y afrodescendientes. Y se habló hasta finales del siglo XIX, en lo que hoy corresponde a la provincia de Esmeraldas.

Se trata del reflejo mismo de la sociedad zamba, que conjugó en su interior diferentes etnias, formas de ver el mundo y modos de vivirlo, exalta el antropólogo y lingüista Jorge Gómez Rendón, quien ofreció una conferencia sobre el tema en Guayaquil.

El lingüista advierte que el “esmeraldeño” no designa ninguna variedad del castellano hablado en el pasado o en el presente por la población afrodescendiente asentada en la actual provincia de Esmeraldas, sino una entidad lingüística distinta del español.

Los hablantes originarios habrían sido los wásu, caraques o niguas. El sistema dio origen a la lengua esmeraldeña hablada por zambos descendientes de los cimarrones Alonso de Illescas –líder del naufragio de un barco negrero en 1553, frente a Mompiche– y de Andrés Mangache –esclavo que huyó con una india nicaragüense en la desembocadura del río Esmeraldas, alrededor de 1542–.

El esmeraldeño fue el resultado de una mezcla de elementos léxicos y gramaticales de lenguas que formaban parte del mosaico lingüístico de la costa norte del Pacífico ecuatoriano, apunta Gómez, quien dictó una conferencia como parte de un programa sobre la materia de la Escuela Politécnica del Litoral (Espol).

“Para principios del siglo XIX, el esmeraldeño sobrevivía no en boca de indios sino de zambos, lo que supone que estos aprendieron esta lengua de origen prehispánico y la hicieron suya en el transcurso de poco más de dos siglos”, agrega en un estudio sobre el tema Rendón, quien es profesor de la Universidad de las Artes.

El viajero inglés William Bennet Stevenson, que visitó a los esmeraldeños en 1809, describió a todos los hablantes como zambos, “aparentemente una mezcla de negros e indios”, y apuntó que “la lengua de los esmeraldeños es totalmente diferente del kichwa”. “Es un idioma nasal” que “no deja de ser una lengua armoniosa, y algunas de las canciones tienen melodía agradable”, según dejó constancia el británico.

Muchas de las palabras del esmeraldeño, además del acento prosódico en la penúltima sílaba tenían también un tono musical, a juzgar por los grafemas con que J. M. Pallares representó la terminación ‘àãle’ en palabras como sakàãle ‘ahogado’ o yatàãle ‘acabado’. En 1877, Pallares recogió para el geógrafo alemán Theodor Wolf un vocabulario de 471 palabras o raíces y un conjunto de 266 oraciones con sus glosas castellanas.

A más de las palabras originarias, se encontraron otras de diferente procedencia, un porcentaje del 21% de todo el vocabulario recogido. Los orígenes identificados para los distintos elementos no-esmeraldeños incluyen palabras de lenguas como el castellano y kichwa, o de familias como barbacoa, chocoana y bantú, del centro y sur de África.

El esmeraldeño –concluye el estudioso– es el resultado de la sobrevivencia y la creatividad, no de uno sino de todos los individuos participantes y de todos los grupos involucrados, el resultado de sus avatares históricos, pero también el mejor trofeo de sus victorias: la lengua indígena prehispánica logró sobrevivir más de tres siglos.

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