21 de septiembre de 2016 00:00

Los afros despiden a sus muertos con marimba

La procesión está acompañada de alabaos, que son canciones con un contenido fúnebre y triste. También se entona la música que le gustaba al difunto.

La procesión está acompañada de alabaos, que son canciones con un contenido fúnebre y triste. También se entona la música que le gustaba al difunto. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

El cortejo fúnebre de un marimbero por una de las calles de Borbón, norte de Esmeraldas, está acompañado de bombo y marimba. Dos cantoras corean canciones tristes, con el batuqueo de las maracas y un cununo, que se escucha por todo el centro del pueblo por donde pasa la caravana.

Una de las costumbres del pueblo afroesmeraldeño que habita en el norte de la provincia es sepultar a sus familiares con el sonido del bombo y la marimba. Esta es una forma de demostrar su amor hacia las personas que parten hacia el más allá y consolar a los familiares del deudo, quienes también acompañan en la despe­dida con música ancestral.

Uno de los géneros del cántico patrimonial empleado para despedir a sus difuntos son los alabaos, que son canciones con un contenido fúnebre y triste. “Levanten la tumba, levántenla ya, que el alma se ausenta pa’ nunca jamás. Adorar el cuerpo, adorar la cruz, adorar el cuerpo de mi buen Jesús, de mi buen Jesús”; esta es una de las canciones más comunes que se entonan.

El alabao es un canto de velatorio para adultos que inicialmente era usado como exaltación religiosa para los santos, pero con el pasar del tiempo se extendió al contexto fúnebre. Instrumentos de percusión ancestral, como el bombo y cununo, así como charrasca y guasá, se usan para poner música a la velación del cuerpo y durante el cortejo fúnebre. A través de las cantoras se evoca cada circunstancia de la vida del extinto y del santo que los recibirá. Se cantan versos con el ritmo característico de la música ancestral.

De esta manera, los afros del campo que migraron a la ciudad conservan esa tradición que se mantiene entre quienes se asentaron en la parroquia Borbón, cantón Eloy Alfaro. Anastasio Nazareno, de la población de Telembí, una comunidad del norte de Esmeraldas, dice que ellos mantienen la práctica de cantar alabaos con bombos, maracas y rezar nueve rosarios para no hacer novena. En su pueblo se canta toda la noche, con la participación de los familiares y amigos de poblaciones vecinas, quienes acuden para acompañar a los dolientes y cantar hasta despedir al difunto.

Guillermo Ayoví (Papá Roncón), músico y compositor del pueblo afroesmeraldeño, explica que él es el único que pone marimba a los alabaos y arrullos, porque son piezas musicales que solo se tocan con bombo y cununo.

Una de las demostraciones la hizo recientemente, en la muerte de su hijo Carlos Ayoví, quien era músico y cantante de piezas tradicionales, como la Caderona, Andarele y Fabriciano. La noche del velatorio, Papá Roncón organizó a músicos como Límber Valencia, Juan Pablo Caicedo y a voces como la de Rosita Wila, para entonar los alabaos acompañado de marimba.

Durante el velatorio, Ayoví, ícono del folclor esmeraldeño, vistió un atuendo africano para ceremonias fúnebres (batona que cubría su cuerpo) y una kenya sobre su cabeza (gorro). “Esta forma de despedir a las personas que fallecen se está perdiendo con el modernismo, pues ahora se tocan otros ritmos y se deja de lado lo ancestral”, comenta Ayoví.

Los músicos también improvisan con sus instrumentos ancestrales las canciones que le gustaban al difunto y pueden pasar de alabaos a boleros, todos acompañados con instrumentos ancestrales.

Durante el velatorio, los acompañantes prueban los platos que más agradaban al fallecido. Se come pescado salado, pescado fresco y hasta carne seca hecha tapao. Una bebida característica es la taza de chocolate, producto que se cultivaba en las poblaciones, así como el plátano dominico, propicio para el tapao, que se prepara en el norte.

“Esta es una práctica que no puede perder vigencia entre los afroesmeraldeños”, dice la antropóloga María Perea, quien trabaja en la conservación de las costumbres del pueblo negro.

En la ciudad de Esmeraldas también hay estas formas de celebración de norteños que llegaron trayendo sus formas de celebración a la urbe. Fue en los sectores suburbanos de la ciudad donde se asentaron los migrantes de poblaciones como Urbina, San Javier, San Lorenzo, Cachaví, Timbiré y Santa María, todas del norte de Esmeraldas, en donde practicaban sus costumbres.

Actualmente, los descendientes de los migrantes norteños no solo continúan con la vieja tradición de despedir a niños y adultos con arrullos y alabaos cuando fallecen, sino que fortalecen el concepto de la danza y la música tradicional académicamente.

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