5 de diciembre de 2017 00:00

La escultura en movimiento de Jaime Andrade Heymann

La muestra está abierta en el Colegio de Arquitectos y el próximo año se complementará con una segunda parte, en interiores. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

La muestra está abierta en el Colegio de Arquitectos y el próximo año se complementará con una segunda parte, en interiores. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Ivonne Guzmán
Editora (I)
iguzman@elcomercio.com

Quizá Jaime Andrade Heymann (Quito, 1949) no sabe que tiene una obsesión, o parece apenas advertirla cuando es mencionada durante el recorrido por su exposición: el movimiento. En su obra, todo, de alguna manera, está moviéndose o remitiendo al movimiento. Debe ser porque se guía por esta máxima: “Sin movimiento no hay vida. Tan simple como eso”.

En las 15 piezas que conforman la exposición que está abierta en los exteriores del Colegio de Arquitectos, Andrade Heymann además se confronta al entorno: la lluvia, la luz (natural o artificial), el viento, la polución. Factores en interacción permanente e incontrolada con la piedra, la cerámica y el metal de los que están hechas sus esculturas.

Si bien su obra está pensada como una conversación constructivista con la piedra, la arcilla y el metal (sobre todo el cobre), es infructuoso entenderla fuera de su relación con el viento, el agua o la luz, porque la escultura de Andrade Heymann se nutre de ese contacto exterior.

El proceso de su creación parece darse en tres etapas: la idea (cuando la piensa), la acción (durante la creación física) y la voluntad de soltar (en la travesía azarosa que emprende una vez que deja el taller); momentos que se repiten sistemáticamente en cada pieza dotándolas de un carácter lejano al lenguaje industrial de los tiempos que corren dentro y fuera del arte.

Andrade Heymann se reconoce heredero del oficio de su padre, Jaime Andrade Moscoso, acaso el escultor moderno más representativo del país, cuya obra marcó un hito importante en la plástica local. De hecho, sigue trabajando con uno de sus ayudantes, Gonzalo Guachamín. Pero su expresión plástica es completamente distinta: abstracta, con reminiscencias al cubismo más en la concepción que en la forma, que es mucho más cercana al arte geométrico.

Andrade Heymann captura y atesora ideas cotidianas y las convierte -ya sea en piedra, en cerámica, en metal o en madera- en formas que en nada advierten al observador sobre su origen. Un ejemplo, es una de las piezas más destacadas de la muestra que a su autor lo remite a un cielo con sol y nubes; es imposible traducirlo en los códigos habituales, pues se trata de varias piezas alargadas de cerámica y una piedra circular, ensartadas una sobre otra a través de un tubo metálico. todas pueden ser movidas.


Esta es la cuarta exposición (tercera escultórica, la primera fue de dibujo) de Andrade Heymann, quien principalmente ha dedicado su vida a la arquitectura. Las piezas expuestas en el Colegio de Arquitectos han sido creadas mayoritariamente en los últimos 10 años, sobre todo en los últimos 4 que se ha dedicado por completo al arte, a mantenerse en movimiento, es decir, a vivir.

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