5 de septiembre de 2015 00:00

Las escuelas y el peligro que corren

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Víctor Vizuete
Editor (O)

Definitivamente, diagramar una ciudad es una sumatoria de ­muchos más factores. No solo se trata de organizar calles y avenidas, normar los usos de suelos, diseñar espacios públicos para el servicio eficiente, cobrar impuestos y catastros...

También es planificar para la seguridad de las personas, tanto para el momento que se vive como para el futuro.

Penosamente, esa concepción es la menos presente en urbes como Sangolquí. Esta se ve tan vulnerable a los efectos que pueden causar los lahares provenientes de una posible erupción del Cotopaxi, volcán que se encuentra a escasos 30 km en línea recta.

Cuesta creer que se haya permitido levantar casi toda la estructura educativa en las riberas del río Santa Clara, uno de los dos desfogues principales de los lahares.

En la avenida Luis Cordero, una de las dos arterias principales de la ciudad, se alinean los colegios Juan de Salinas y Jacinto Jijón y Caamaño; las escuelas Darío Figueroa Larco, Fiscal Carlos Larco y Leopoldo Mercado; el jardín de infantes Marieta de Veintimilla, entre otros.

Si se da una erupción importante, los lahares pueden afectar -de manera severa- a todos estos centros educativos. Como consecuencia, las clases quedarán suspendidas por un tiempo indefinido, con el perjuicio para los educandos.

Ante la situación, es hora de que se definan los establecimientos o los lugares que podrían sustituir a los nombrados, para que las clases no se interrumpan. También es imprescindible que se realicen simulacros de evacuación de estas instituciones educativas para que todos, niños y profesores (especialmente estos) sepan lo que se debe hacer si la situación se agrava.

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