15 de agosto de 2015 00:00

La escuela de pisos de madera, muros de caña y techo de cade

Este tipo de construcción se caracteriza por la frescura que poseen los ambientes interiores, vital en una zona caliente. Foto: Cortesía.

Este tipo de construcción se caracteriza por la frescura que poseen los ambientes interiores, vital en una zona caliente. Foto: Cortesía.

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Redacción Construir  
(F - Contendido Intercultural)

Puerto Cabuyal es una pequeña población enquistada como una cuña de tierra roja entre el océano Pacífico y el bosque tropical seco. Cerca de Jama. Sus casas, de madera y caña guadúa, aparecen desperdigadas sin ton ni son en la polvorienta área urbana. Casi todos quienes las habitan son montuvios y propios de la zona.

Curiosamente, casi todas las escuelas del sector son de hormigón, de forma rectangular, con rejas en las ventanas que más tienen el aspecto de cárceles, el nivel de deserción escolar es sumamente alto, explicó Felipe Gangotena, ‘El Profe’, en una nota del portal.

Esta realidad indujo al maestro a pensar en una escuelita que recoja las tradiciones constructivas de la zona y permita a sus usuarios sentirse más en su ambiente; más en su territorio. El taller de arquitectura Al BordE recogió el desafío y, en unión del propio Gangotena y de voluntarios deEl Cabuyal, levantó una pequeña escuela modelo de 36 m² hace siete años. Su nombre está acorde con las perspectivas de los promotores: “Nueva Esperanza”.

“Fue necesario diseñar un espacio acorde con los principios de una escuela activa, íntimamente relacionada con el ambiente natural que le rodea. Un lugar donde la imaginación de los niños se despierta, así ­como su creatividad, su deseo de aprender nuevas cosas; y no un sitio donde se sientan reprimidos”, explicó David Barragán, uno de los miembros fundadores de Al BordE.

El proyecto usó los mismos materiales y lógica constructiva con las que la comunidad ha construido sus casas por años: una base de madera sobre pilotes, paredes de caña, estructura de madera y el techo de paja toquilla o cade (palma rampira), afirmó Pascual Gangotena, otro de los miembros del taller.

“La diferencia radica en la conceptualización del espacio. En vez de un lugar para residir se hizo otro para impartir una educación que fomenta el aprendizaje por medio de la acción; del aprendizaje directo”.

Se nota un gran cambio en el aprendizaje de los niños. Desde el abrir la puerta y entrar a la escuela es un motivo de descubrimiento para ellos, una lección de física. El espacio es amplio. Los niños se sienten más libres y ocupan el lugar que prefieren para desarrollar su actividad, según ‘El Profe’.

El éxito del proyecto hizo que se levante una segunda escuela Nueva Esperanza (2011) y una tercera (2013), siguiendo el mismo patrón de la pionera.

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