29 de noviembre de 2015 12:39

Enquinche, una técnica ancestral que no se pierde

En las viviendas de El Aromo y La Palmas, el enquiche está presente en los pasamanos, los corredores y otras partes. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

En las viviendas de El Aromo y La Palmas, el enquiche está presente en los pasamanos, los corredores y otras partes. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

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Patricio Ramos
Redactor
(F- Contenido Cultural)

Casas que soportan elementos climáticos extremos sobre la franja costera de Manta y Montecristi aún siguen en pie. Todo gracias a la técnica ancestral de construcción denominada enquinchado.

La enquincha o enquinche es uno de esos sistemas constructivos más antiguos que todavía tienen vigencia en varias zonas -rurales y urbanas- de la provincia de Manabí. El sistema está basado en la utilización de paneles prefabricados tejidos con tiras de caña guadúa, a los que se les recubre o enluce con morteros de barro o materiales parecidos.

Los paneles son de diversas medidas, pero los más comunes son de 1,20 x 2,40 o 60 x 1,20 m. Con estos se pueden construir viviendas que van desde 28 hasta 100 m² y más.

Los paneles, con marcos de madera, se unen con clavos, por su flexibilidad en caso de sismos. Cada 3,60 m se colocan vigas de madera que hacen de columnas. Los módulos van encima de los sobrecimientos, para evitar la humedad. La tabiquería interna y los pasamanos son del mismo material. Para la construcción de una casa con este sistema, se requiere aproximadamente un mes, incluidos los acabados.

Las viviendas enquinchadas son comunes en la provincia manabita. ¿Ejemplos? En la zona de El Aromo, suroeste de Manta, y Las Pampas, en Montecristi, existen 30 casas que aún son habitadas y fueron ­levantadas con paredes de caña guadúa, techo de zinc y estructura de madera.

En Las Pampas y El Aromo el clima es extremo. Durante el día, la temperatura ambiente puede llegar a los 35 grados centígrados; por las noches y madrugadas, baja hasta los 15 grados o menos.

Para tener una vivienda que pueda soportar esos bruscos cambios de temperatura, los lugareños hacen uso de esa técnica ancestral para revestir las paredes de caña guadúa con recubrimiento.

El enquinche que practican los maestros de la región es una variación que incluye, además de los paneles de la caña, un revocado de las paredes (internas y externas) con una mezcla de estiércol (de ganado, burros o caballos) con tierra, desechos de paja toquilla y aserrín.

“Esta singular amalgama es aplicada a las paredes de caña guadúa y las convierte en elementos térmicos. Este mortero logra que las casas en el día sean frescas y por las noches, abrigadas”, comenta Gonzalo Escobar, arquitecto manabita estudioso de los materiales ecológicos de la zona.

Una de las particularidades de las casas construidas con esta técnica, afirma Escobar, es que en el momento de mezclar el estiércol con la tierra, la paja y el aserrín hay que hacerlo en proporciones adecuadas, para lograr que el producto final pueda adherirse firmemente a la guadúa y no se desprenda.

El maestro de construcción Hugo Parrales sabe todo sobre esta técnica ancestral. “Vivo en la zona de La Sequita de Montecristi. Mi padre y mi abuelo construían con estiércol. Antes no había cemento, la arena era escasa, lo único a la mano era la tierra, la paja y el estiércol. Ahora yo utilizo materiales más modernos, pero si alguien en los pueblos pide que se construya con la técnica ancestral... pues lo hacemos”.

La enquincha o enquinche data de hace más de 100 años, según trabajos realizados por estudiantes de Arquitectura de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam).

Alejandro Arias investiga esta forma de construcción y comenta que en las zonas de  El Aromo y Las Pampas las casas tienen otra particularidad: las ventanas son muy pequeñas y llegan a medir 50 cm de ancho por 60 cm de largo.

“Las casas tienen poca luminosidad, eso les permite ser térmicas por el poco ingreso de sol. Con amplios ventanales no se podría lograr ese efecto; además, son muy funcionales y, sobre todo, ecológicas”.

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