12 de diciembre de 2016 21:08

La epilepsia afecta más a niños en el país

Yolanda Quinguña y Juan Carlos Camacho junto a Matías, de 8 años.

Yolanda Quinguña y Juan Carlos Camacho junto a Matías, de 8 años. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 2
Triste 8
Indiferente 0
Sorprendido 1
Contento 2
Diego Bravo
Redactor (I)

La noche del 25 de diciembre del 2008, Matías tuvo su primera crisis convulsiva mientras su familia celebraba la Navidad. Sus padres, Yolanda Quinguña y Juan Carlos Camacho, se asustaron y lo llevaron al hospital, pero los médicos les dijeron que el bebé no tenía problemas de salud.

Luego, los ataques se hicieron recurrentes y se presentaban cada semana. Los galenos le realizaron exámenes neurológicos y se verificó que tiene problemas de epilepsia, una patología provocada por el aumento de la actividad eléctrica de las neuronas en algunas zonas del cerebro. Se caracteriza por convulsiones o episodios breves de movimientos involuntarios, a veces se pierde la consciencia.

A partir de ese momento, la vida de su familia cambió. Comenzaron a gastar más de USD 400 mensuales en medicinas, evaluaciones, terapias, comida especial y consultas con neurólogos en sitios privados. Ella tuvo que cerrar su taller de modas para dedicarse a cuidar a su hijo todo el día. El papá se hizo cargo de los gastos del niño.

Según datos del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), el año pasado hubo 4 262 egresos hospitalarios por epilepsia en Ecuador. La mayor cantidad de casos se presentó entre niños de 1 a 9 años (ver gráfico con cifras).

A escala internacional, 50 millones de personas padecen ese desorden, de acuerdo a los estudios desarrollados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La proporción calculada de la población en general con epilepsia activa o ataques continuos o necesidad de tratamiento está entre 4 y 10 por 1 000 personas. Sin embargo, algunos análisis realizados en países de ingresos bajos y medianos sugieren una proporción mucho mayor, entre siete y 14 por cada 1 000.

El neurólogo Galo Pesántez dirige el Centro Nacional de Epilepsia, una organización privada sin fines de lucro creada hace 27 años y que ha tratado a más de 10 000 pacientes en el país.

Según su experiencia al tratar con miles de pacientes, comenta, hay niños que nacen con discapacidad motriz o parálisis cerebral y epilepsia. En otros casos solo presentan epilepsia, pero las crisis convulsivas son complicadas a todo tratamiento y paulatinamente les ocasionan daños en el cerebro que podrían provocar al final una discapacidad.

Muy pocos pacientes con epilepsia tienen discapacidad, explica el galeno. Hay niños y adultos que padecen ese trastorno y llevan una vida normal. Él trató el caso de Yolanda Díaz, de 40 años, quien tuvo crisis desde los 4 años hasta los 18 y tomaba tres pastillas anticonvulsivas diarias. Incluso cuando estaba en el colegio tenía desórdenes. En esos momentos, ella solo se sentaba en un lugar hasta que le pase el malestar. Luego seguía con sus actividades académicas.

En el caso de Matías, los trastornos por epilepsia le generaron discapacidad. Al principio, sus padres lo llevaban a hospitales privados hasta que se les terminó el dinero. Ahora, su hijo sigue los tratamientos en el Hospital de Niños Baca Ortiz y allí le entregan las medicinas gratuitamente.

Una opción para estos pacientes es la medicina natural y los tratamientos con cannabis medicinal, que se lo importa desde Colombia con King David Cannabis, una organización que ayuda a pacientes con epilepsia que requieren de ese medicamento producido en laboratorio. Con los USD 240 del bono Joaquín Gallegos Lara, pagan la mensualidad en un centro en donde recibe hipoterapia. Camacho cuenta que el cannabis le ha ayudado a mejorar a Matías porque tiene menos convulsiones. Le suministran 3 gotas diarias de esa medicina por vía intralengual.

En la USFQ se habló sobre Cuidados Neurocríticos e Investigación. Allí participó la epileptóloga estadounidense Marianna Spanaki del Hospital Henry Ford, en Detroit, quien explicó sobre cómo evitar que mujeres que padecen la epilepsia la hereden a sus hijos en el embarazo. Dijo que ellas deben consultar, con su médico, el medicamento que necesitan y que no afecte al bebé. Si no se sigue el tratamiento adecuado durante la gestación, el recién nacido puede tener problemas de espina bifida. “La columna cuando se forma, no se cierra adecuadamente. Así habrá problemas neurológicos porque los nervios no estarán protegidos”.

Pesantez coincide con esa aseveración y afirma que a la madre se le debe recetar ácido fólico y fármacos antiepilépticos que no causen malformaciones u otros riesgos. Añade que en las embarazadas con epilepsia hay un riesgo del 6% que sus hijos contraigan el mismo problema. Ante eso, asegura que lo primordial es que los embarazos sean planificados.

Díaz tuvo su primera hija hace 12 años. Al principio estaba asustada por la posibilidad de que heredara la epilepsia. Pero se hizo los controles con un neurólogo y una obstetra. Su hija nació bien. Lo mismo pasó con su otro hijo, de 6 años.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (9)
No (1)