27 de febrero de 2015 07:57

Epica, una máquina aceitada de metal sinfónico

La banda de metal sinfónico Epica en su concierto en Quito la noche del 26 de febrero del 2015. Foto: María Isabel Valarezo / EL COMERCIO

La banda de metal sinfónico Epica en su concierto en Quito la noche del 26 de febrero del 2015. Foto: María Isabel Valarezo / EL COMERCIO

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Luis Fernando Orquera
Redactor (I)

Puntualidad milimétrica y orden castrense caracterizaron al concierto de la banda holandesa Epica en la apertura de su gira 'The Quantum Enigma', en Quito, la noche del 26 de febrero del 2015. La puntualidad por parte de la organización iba de la mano con un despliegue técnico acorde a la trayectoria del grupo -una de las voces más importantes del metal sinfónico del mundo-.

El orden, dictaminado también por la organización, contó con el apoyo del público que supo seguir la lógica que disponía asientos enumerados, algo poco común en conciertos de metal. Con ese buen precedente, empezó a sonar la introducción Originem y uno a uno empezaron a salir los miembros del esperado acto. Cada uno fue recibido con el bramido del público que era respondido con una sonrisa de cada músico.

El ensamble no perdió tiempo y apenas terminada la pieza instrumental, irrumpieron con The Second Stone, tema que levantó a todos los seguidores de sus butacas tanto en la luneta como en la platea. Tras tres temas (The Essence of Silence, Unleashed, Storm the Snow), era claro que la energía propia del primer show fue el mayor regalo para los quiteños. De regreso, la gente, en un número generoso, levantaba sus dispositivos móviles en lugar de sus puños.

Por suerte, el carisma de los intérpretes, especialmente del tecladista Coen Jannsen con su pintoresco instrumento móvil, mantenían en alto el espíritu del concierto. La vocalista Simone Simons agradecía en español a la gente que aplaudía entre canción y canción, y luego agradecía en inglés y español a un teatro con pocos claros en su capacidad.

Sonaron entonces Fools of Damantion, Natural Corruption, The Obsessive Devotion. A la par era clara la buena relación en el ensamble. Sonrisas, pequeños juegos entre parejas e incluso exhibiciones de destreza musical compartidas eran muestras evidentes de este hecho. Lo que más llamó la atención era cuando el guitarrista, Isaac Delahaye, prestó el mástil de sus seis cuerdas al tecladista Jannsen que con una mano ejecutaba las posiciones de los acordes mientras el guitarrista rasgaba del otro extremo.

Situaciones similares pasaban mientras Simons continuaba cantando notas de rango alto, propias de su tesitura de soprano. Claro, las grandes orquestaciones corales que la respaldaban eran lanzadas desde una secuencia grabada, aunque sin desmerecer el trabajo real de las voces principales, tarea que comparte con el compositor y guitarrista Mark Jansen. Llegó así el turno de Cry for the Moon antes de dar paso a un solo de batería de Ariën van Weesenbeek.

Fue en este punto que el público quedó de nuevo en deuda. No por la presencia de celulares en el aire sino por la falta de conocimiento de códigos musicales de conciertos. Cuando el baterista buscaba una respuesta de los graderíos en medio de su despliegue de virtuosismo, la contestación era tibia o a destiempo. Eso pasó en intentos similares por parte del tecladista Jannsen y de la vocalista Simons.

El mejor ejemplo de esto fue a la llegada del tema Sensorium cuya introducción no tuvo el suficiente acompañamiento desde la gente en su introducción. La vocalista tuvo que completar las líneas de la melodía debido a la clara timidez de los presentes. Eso ocurrió al inicio del tema. Ya llegado el coro, la situación mejoró desde el público compensando la frialdad inicial.

Tras una salida falsa en la que la gente no logró ponerse de acuerdo para elaborar un cántico al unísono como suele ser la norma para llamar al artista admirado, Epica volvió con tres temas de cierre. Sancta Terra, Unchained Utopia y Consign to Oblivion cerraron una noche de extrema precisión musical, química en escenario, organización a punto y tibieza en los graderíos.

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