1 de junio de 2014 00:08

Gabriela Paz y Miño: 'Una es la misma, aunque los otros no lo vean'

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Por Ivonne Guzmán. Editora

Introducción:

Gabriela Paz y Miño
es periodista; la profesión nos juntó hace muchos años y ha llegado a convertirse en una amiga queridísima. Es también una de las personas que conozco, que mejor escribe. Y quizá la más ingeniosa para decir, sin esfuerzo, cosas inteligentes, que causan mucha gracia. Hace aproximadamente un año maneja la comunicación del cine Ochoymedio; está casada, con Dan, y está loca de amor por su hijo Arnau, de 4 años. Reducirla a su faceta maternal es injusto, sin embargo, es lo que marca su vida en este momento y sobre lo que más habla durante nuestra entrevista.

Testimonio:

Yo ya no hago muchos planes, sino que más bien disfruto lo que va viniendo. Estoy en un momento chévere de mi vida: trabajando en un lugar que me gusta, tengo un niño del que disfruto muchísimo (Arnau). Y estoy escribiendo, pero ya no con las mismas presiones de antes. Es como que los grandes planes de mi vida se han ido dando de alguna manera.

No sé si es la maternidad la que me ha dado esta otra perspectiva. Pero la maternidad sí me ha determinado un montón de cosas en la vida, como el tiempo. Y he decidido que hasta que mi niño sea más grande este es un tiempo muy dedicado a él.

Entonces, ahora cuando pienso en viajar busco un sitio donde el Arnau disfrute. Si vamos a España (donde vivió algunos años) quisiera poder llevarle a los toboganes, a las ferias, a donde haya juegos, a las librerías de niños... Cosas que yo vi cuando estuve allá, pero que no significaban mucho para mí. Esto me pasa en las grandes y pequeñas decisiones del día a día. No sé cuánto me dure esto, porque es la primera vez que soy mamá; no sé si para todas las mamás es así o solo para mí.

Hay algo que sí quisiera hacer: vivir un tiempo en España con mi familia. Y aprovechar esa estadía para especializarme. Para entonces ya me gustaría haber escrito algo más que reportajes, o sea tener un libro.

Con mi hijo vivo una especie de enamoramiento y descubrimiento que voy haciendo de él y espero que él de mí. El otro día me decía: Tú tienes 18 años. Y yo le decía: No, tengo 40. Y él me decía: No, no, tú tienes 18 años. Y me puse a pensar en cómo me ve él. Ahí me entró una preocupación que no había tenido antes: la realidad es que yo ahorita tengo 40 y él 4; cuando yo tenga 50, él va a tener 14; yo 60, él 24… y así. Hice cálculos y me di cuenta de que a lo mejor me voy a perder mucho de su vida.

Estoy más consciente del tiempo ahora. Puede ser que a ‘estas edades’ empieces a pensar en concretar cosas. Por eso lo de irme a un viaje o de estudiar algo tiene que tomar forma porque si solo estoy dedicada al trabajo o a la maternidad tengo miedo de que estas cosas no se cumplan.

También creo que el lugar donde vives te determina; yo siempre he tenido la misma edad mental, pero la gente se comporta de manera distinta cuando tienes 40 años, cuando eres mamá, cuando estás casada... porque supuestamente eso debería determinarte. Un día estaba con mis compañeros de oficina, que son menores a mí, entró alguien y a todos les dijo ‘hola’, y a mí me dijo ‘buenas’; ahí caché todo, ni siquiera me dio beso. Supongo que eso es una oportunidad para rebelarse y darse cuenta de que una es la misma persona aunque los otros no lo vean.

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