3 de noviembre de 2015 00:00

Cristóbal Zapata ‘En Cuenca vivimos un renacimiento cultural’

Entrevista a Cristobal Zapata, director de la Bienal de Cuenca. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

Entrevista a Cristobal Zapata, director de la Bienal de Cuenca. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

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Giovany Astudillo
Editor (I)

Las expresiones culturales son elementos fundamentales de Cuenca, una ciudad donde se organizan festivales internacionales de literatura, cine... y la Bienal, que es un referente del Ecuador. El reto es llevar el arte a un público más diverso, en nuevos espacios y revitalizar la escena artística.

Hay quienes, como la historiadora del arte y galerista Ileana Viteri, sostienen que el arte contemporáneo más potente e interesante no está saliendo precisamente de Quito, sino de Cuenca o de Guayaquil, ¿coincide con ese criterio? y ¿qué circunstancias aportan?

Son complicadas las apreciaciones ligadas a la geografía. Guayaquil desde hace rato tiene una escena muy sólida y, en gran medida, gracias al aporte del ITAE. Se ha creado una escuela de artistas que tiene una formación importante. Quito siempre tiene una actividad interesante y artistas, quizás un poco más dispersos, tienen un trabajo relevante.

Y Cuenca...

Vivimos una especie de entusiasmo, renacimiento, reactivación del escenario local. Hay condiciones que nos permiten soñar en cuencano.

A su criterio, ¿cuáles son esas condiciones?

Hay un grupo que trabaja de forma más constante, que era una carencia. Las instituciones propiciaron una coyuntura favorable. Contamos con una decena de artistas jóvenes que están en franca actividad, que muestran otra actitud frente a su trabajo. Están atentos, intervienen en las plataformas de interacción con el conocimiento.

Esa fue la propuesta cuando asumió la Bienal.

Sí, que la Bienal no sea una muestra excepcional sino que desarrolle un trabajo más sostenido, que genere infraestructura cultural a largo plazo, plataformas de conocimientos y que sea un espacio que dialogue activamente con la escena local, nacional e internacional.

Con la Bienal, Cuenca tiene un puesto en la escena internacional, ¿ahora hacia dónde se proyecta en materia artística, y no solo en cuanto a la plástica o las artes visuales?

La visión de la Bienal son las artes visuales, que hoy por hoy son un espacio de convergencia de muchos medios, lenguajes, disciplinas. Las artes visuales hicieron un acopio de otros saberes como la filosofía, la literatura, el cine... Queremos ampliar el repertorio de esas herramientas e instrumentos que los artistas tienen para desarrollar su obra. Un trabajo en el presente para cosechar en el futuro. Cuando digo soñar en cuencano no es un idilio provinciano, sino que los artistas operen con los idiomas del arte internacional, pero con un acento local.

La Bienal y los festivales de la Lira, Escenarios del Mundo y La Orquídea son espacios de convocatoria en el país y en el exterior. ¿Cómo han incidido en la formación de públicos para las diversas artes? ¿O esa formación es todavía una deuda?

En Cuenca y otras ciudades es una tarea que aún nos falta transitar. Hay que idear e intentar procesos más sostenidos de formación de público. Es una asignatura pendiente y a la vez una preocupación. No tenemos, por ahora, la fórmula mágica.
En la Bienal del Mercosur tienen, por ejemplo, un curador educativo que trabaja con el curador general en un proyecto a largo plazo.

¿Cuál es el nivel de interacción artística e influencia de Cuenca en el Ecuador?

Los grandes eventos, certámenes, que Cuenca ha consolidado son el mayor aporte. Los artistas, cineastas, escritores, teatreros, poetas tienen un espacio de realización. Estos eventos hacen que, más allá de unos artistas específicos, la comunidad artística del país mire a Cuenca como un espacio importante de proyección.

Entre los artistas del país con más proyección internacional se encuentran al menos dos cuencanos: Tomás Ochoa y Pablo Cardoso, ¿a qué se debe?

Es fruto de un esfuerzo individual, sostenido y proyecto artístico ambicioso. Hay una obra que merece atención y recepción internacional. Por distintas vías, ambos conquistaron los frutos de sus esfuerzos y una trayectoria trabajada con exigencia. Es la consecuencia de la lealtad a su vocación; la fidelidad consigo mismo es las clave de su proyección.

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