23 de julio de 2017 00:00

Lo mejor es un cambio a nombre de la igualdad

Suzanne Lacy está en Quito para filmar un documental sobre su performance ‘De tu puño y letra’ (2015), que aborda la violencia contra la mujer. Foto: patricio Terán / EL COMERCIO

Suzanne Lacy está en Quito para filmar un documental sobre su performance ‘De tu puño y letra’ (2015), que aborda la violencia contra la mujer. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán. Editora (O)
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Suzanne Lacy podría ser descrita de muchas maneras. Una opción: artista capital del arte feminista de los años 70 en Estados Unidos. O: una de las pioneras en la práctica social artística. También: artista que expone igual en la Tate (Gran Bretaña) como en el Reina Sofía (España) o en Quito. Se pueden escribir -y se han escrito- libros frondosos sobre ella y su obra. Pero quizá sea más preciso describirla como una persona que escucha. En este acto, en esta voluntad suya, radica la fuerza del activismo y del arte de Suzanne Lacy.

En una conversación que se corta momentáneamente por la irrupción de un grupo de mariachis e inmediatamente después es compensada con una vista privilegiada de Quito en un lugar más silencioso, Lacy habla de activismo, un elemento indisociable de su obra artística.

¿Quién es un activista?


Para mí un activista es una persona que actúa basada en sus opiniones. Y tradicionalmente, el activismo ha sido una palabra reivindicada, al menos en mi generación, por la izquierda. Pero ha terminado siendo reivindicada por gente en los dos lados del espectro político. En estricto sentido, un activista es alguien que actúa a nombre de sus creencias. Pero creo que también, al menos en Estados Unidos, podría implicar alguna forma de extremismo.

¿Por qué?

Porque alguien que actúa también puede actuar de formas extremas.

¿El sentido de responsabilidad es la única diferencia entre un activista y un ciudadano común?

Creo que es una de las diferencias. Yo elaboraría un poco más la palabra responsabilidad. Tú puedes ser muy responsable en tu vida personal, pero creo que en la palabra activismo está también implícita la idea de la acción a nombre de una causa, una idea, un grupo de gente. Yo puedo ser una propietaria de una casa responsable pero no necesariamente una activista a nombre del derecho a la vivienda. Entonces, para mí, el activismo implica estar dispuesto a tomar una posición a nombre de una causa específica.

¿Un activista es alguien que no confía en el gobierno/Estado?

No, para nada. Y yo hablo solo desde el contexto de mi país, entonces en Estados Unidos, de hecho, es muy común que la gente más progresista confíe más en el gobierno; y que la gente de derecha crea que el gobierno debe ser mínimo, lo cual sí implica una falta de confianza en el gobierno.

¿Diría que la gente más progresista es más del tipo activista?

No necesariamente. La gente conservadora, de hecho, puede ser muy activista; particularmente ahora. La derecha está haciendo mucho activismo.

Dado que el activismo demanda mucho esfuerzo, ¿está cansada?

(risas) Sí, en cierta manera. Pero no sé si cansada es la palabra correcta. He visto muchos cambios, en términos de lo que mi generación ha logrado. Particularmente, en lo que respecta a las mujeres. Hemos logrado cosas increíbles. Por otro lado, lo que todavía hay que lograr es también extremadamente difícil. Y creo que es descorazonador, no agotador, ver ciclos de retroceso. En Estados Unidos la elección de Trump es un buen ejemplo, porque muchos activistas quedaron descorazonados con esto. Muchos de ellos dejaron de ver televisión por semanas, otros no se podían levantar de la cama. Es una forma de demostrar cansancio, pero también tristeza, porque te quedas con la sensación de que te esforzaste tanto para nada.

Quizá es un momento para darse cuenta de que hay que seguir luchando, ¿no?

No creo que antes alguien haya pensado que no había que seguir luchando, pero se pensaba que serían luchas ya a otro nivel.

¿Como cuáles?

No quieres volver a pelear las mismas batallas. Por ejemplo, el aborto. En mi país, desde que lo ganamos a inicios de los 70, el derecho a abortar ha sido permanentemente amenazado. Pero ahora hay ataques concertados contra este derecho desde los cambios que se hicieron en la Corte Suprema. Es decir que existe la posibilidad real de que en Estados Unidos el derecho a abortar sea rescindido. Para mí la idea de estar cansada tiene más que ver con la aflicción de tener que volver a dar las mismas batallas. No me importaría luchar, pero ya por otros temas; sería fantástico si estuviéramos hablando de igualdad en los salarios, por ejemplo.

Alguna gente piensa que el activismo es un acto de amor, ¿lo es?

No necesariamente, y creo que asociarlo con el amor es una visión romántica. Pienso que activismo es actuar a nombre de las creencias propias. Si lo haces con un arma, es igualmente activismo, pero no me suena como un acto muy amoroso.

¿Sería posible vivir en un mundo en el cual cada persona apoyara una causa?

No creo que tiene que ver con creer en una causa, sino con hacia qué está dirigida esa causa y las formas de deliberación alrededor de ella. Cuando una sociedad ubica formas de diálogo para posibilitar consensos, y un cierto set de valores que protegen a los más débiles, entonces se puede tener una conversación entre varios, con diferentes posiciones, porque todos creen que la forma de resolver los problemas es conversando. Pero si no es el caso, el mundo puede ser horrible también, porque podría estar muy dividido en posiciones extremas.

¿Lo opuesto al activismo es la indiferencia?

Tal vez esa sea una buena forma de ponerlo… Aunque no necesariamente, porque hay muchas formas de activismo. Y muchas formas de creer en algo. Tú puedes tener una forma silenciosa de creer y puedes votar por lo que crees; yo no consideraría que votar es una forma de activismo. Pero de todas maneras estás viviendo sobre la base de ciertos principios. Puedes decidir no salir a la calle a marchar pero sí asegurarte de pagar por igual a todas las personas que trabajan para ti. Entonces no creo que la indiferencia es lo opuesto al activismo, porque eso estaría, de alguna manera, sugiriendo que todo el mundo debería ser un activista.

¿Qué les dice a quienes sostienen que usted no es artista sino ‘artivista’, en sentido peyorativo?

Diría que en 1975 ese era un tema de discusión y que ahora es un poco estúpido. Porque no toma en cuenta nuestra historia ni la forma en la que se ha ido desarrollando la política. Algunas personas pueden decir que si no pintas no eres un artista y puedo entenderlo, aunque es una forma de pensar muy tradicional y no muy informada. El área gris empieza cuando la gente enmarca el activismo en el contexto artístico, y esa es un área gris que me gusta particularmente.

¿Por qué?

Porque mi trabajo está basado en la exploración de los bordes, las fronteras de las formas del arte. Estoy muy interesada en las relaciones entre el arte y la vida; ese momento en que el arte se vuelve vida y la vida se vuelve arte. Y no creo que ese sea un cuestionamiento trivial sino más bien una pregunta filosófica muy interesante para los artistas.

Entonces, ¿usted sí cree que arte puede cambiar cosas en la sociedad?


Puede, pero no sé si es el único criterio que hay que aplicar al arte. Cuando la gente empieza a decir: “el arte causa…”, creo que se trata más de que el arte apoya cambios sociales. Apoyar es distinto de causar. Por ejemplo, con la obra que he hecho aquí en Quito (el performance ‘De tu puño y letra’), o en cualquier otro lugar, nunca diría que ha causado un cambio social por sí sola.

¿Ni siquiera en su obra de finales de los 70 (el performance Three Weeks in May, que inició la discusión sobre las violaciones a mujeres en Los Ángeles en 1977), que generó cambios para las mujeres en general y las mujeres artistas también?

Ok, por ejemplo, en Three Weeks in May yo estaba trabajando en las estadísticas de violaciones y de violencia doméstica, otro grupo trabajaba en otros temas (relacionados), había mujeres escribiendo (sobre este tema) y mujeres en todo el país estaban haciendo diferentes tipos de activismo (para denunciar la violencia contra la mujer). Entonces quién podría decir qué causó qué. Y si algún artista dice que ha generado cambios sociales, yo diría que hay que ser muy cuidadoso preguntándose qué quiere decir realmente.

¿En qué sentido?

No quiero decir que el arte no pueda generar cambios, ni subestimar el poder del arte, pero hay que tomar en cuenta que un artista es parte de unos procesos sociales muy complejos. ¿Cómo ocurre un cambio social? A través de elecciones, de cambios de actitud… ¿Por qué la gente apoya los derechos de las personas gay en Estados Unidos ahora cuando hace 20 años no podías ser gay públicamente? ¿Por qué pasa esto? Porque la percepción general, las emociones y sentimientos al respecto han cambiado.

¿Qué es lo mejor y lo peor del activismo?

Lo mejor es cuando la gente trata de apoyar un cambio progresista a nombre de la igualdad. Y lo peor es la violencia, o creer que solo uno está en lo correcto, que es lo que lleva a la imposibilidad de discutir.

¿Puede imaginarse su vida sin haber sido activista?

Tal vez y seguramente no me importaría no serlo. Pero me acuerdo que desde muy pequeña los temas raciales me importaron. Porque quizás vi muchas revistas Life de niña en las que se hablaba de la situación judía, además mi papá vio gente regresando de los campos de concentración. También vi mucha gente negra siendo oprimida o a los latinos de mi ciudad viviendo en la zona más pobre. Eso estaba muy claro para mí, en cambio no lo estaba que las mujeres no eran tratadas como iguales. Aunque no me tomó mucho tiempo darme cuenta de eso.

Suzanne Lacy

Nació en 1945, en California, EE.UU. Se formó en Zoología, en Psicología y dejó una posible carrera en la psiquiatría para dedicarse al arte. Desde los años 70, con instalaciones, videos y performances de corte activista, ha abordado temas como la violación, la pobreza, la violencia, el envejecimiento, el racismo... Su obra transita la línea difusa entre política y arte.

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