4 de July de 2010 00:00

Un zoom a la seguridad en los shows en el Ecuador

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Redacción Espectáculos

Las pasiones y reacciones que genera la música son incalculables. Miles de personas llenan coliseos, estadios, plazas y parques para gritar por sus artistas favoritos.

Algunos esperan en la fila para entrar con una botella de licor en la mano que pronto está vacía. Otros inventan ingeniosas maneras de ingresar a los recintos con algo de alcohol.Ese es el principal problema que enfrentan quienes están a cargo de la seguridad de los espectáculos públicos en Quito, según el coronel José Manuel Rivadeneira, jefe encargado del Regimiento Quito 1.

El equipo de bomberos es testigo de este tipo de problemas. El subteniente Miguel Llumiquinga dice que los casacas rojas van a cada recinto preparados para solventar cualquier tipo de emergencia, pero que por lo general se atiende a personas desmayadas por fatiga o intoxicaciones de quienes han ingerido drogas o alcohol en exceso.

El Cuerpo de Bomberos envía efectivos de sus unidades distribuidas en Quito, dependiendo de dónde se realiza el show. La cantidad de personas depende de la capacidad del local y de los datos de boletería.

El coronel Rivadeneira explica que en los últimos dos años no ha habido mayores problemas. El último fue un enfrentamiento con fans de Iron Maiden, el 10 de marzo del 2009. Ellos quisieron hacer un ‘portazo’ (entrar a la fuerza sin boletos) al estadio del Aucas y los gendarmes lanzaron gas lacrimógeno para evitarlo.

Este tipo de altercados, dice, se debe a que la gente estuvo hasta tres días antes del concierto en los exteriores del recinto; muchos libando constantemente.

El control de seguridad es un operativo que involucra a siete instituciones. El plan parte de los mismos organizadores, quienes, además de gestionar permisos, deben enviar solicitudes de apoyo a la Policía, Bomberos, Defensa Civil, Municipio, Cruz Roja e Intendencia y además convocar reuniones de coordinación.

Luego, representantes de las entidades van a sitios como el coliseo Rumiñahui, el Ágora de la Casa de la Cultura o el estadio Olímpico Atahualpa para realizar inspecciones de salidas de emergencia, servicios higiénicos, estado de los recintos, etc.

Los promotores de espectáculo contratan a empresas como Popeye Seguridad, dirigida por Marco Beltrán. Él explica que para cada espectáculo se requiere levantar planos de las localidades, del vallado, de contingencia, de evacuación, de asistencia, de reacción inmediata, y otros.

Si un concierto empieza a las 20:30, a las 12:30 su personal ya está en el recinto, como sucedió en la presentación del grupo de bachata Aventura, el 6 de mayo. “Nosotros recibimos a la Policía, Defensa Civil, Bomberos y público y somos los últimos en irnos. Nuestro trabajo se termina cuando todo está limpio”.

Beltrán organiza la distribución de las carpas de auxilio inmediato en puntos estratégicos y está enterado de la ubicación del personal de todas las instituciones mencionadas. Coordina con los Bomberos, por ejemplo, su labor en sitios que podrían ser de riesgo como la consola de sonido y la tarima. En los espectáculos se permite solo el uso de pirotecnia fría (sin llama). En ciertos casos se usan bazucas que despiden papel picado y en otros, juegos artificiales más llamativos.

Tanto la seguridad privada como la Policía están a cargo de cuidar a los artistas. Por eso, hay al menos dos guardaespaldas de seguridad cercana y dos de seguridad discreta para quien Beltrán llama artista élite. La Policía lo escolta mientras se moviliza por las calles de la ciudad.

La cantidad de efectivos que trabajan con el público se define luego de un análisis de Inteligencia, según Rivadeneira. Él cree que la estructura de coliseos y plazas es ya un parámetro de seguridad. En cuanto al personal, “más o menos se designan 20 hombres por cada 1 000 a 2 000 personas, según el caso”.

Rivadeneira dice que la cifra de efectivos varía según el tipo de espectáculo, el género musical y la expectativa de público,“Cuando viene Gilberto Santa Rosa no es lo mismo que cuando vienen roqueros o grupos extranjeros que atraen a jóvenes. Allí puede haber conflicto”.

Pero Beltrán no toma en cuenta estos parámetros al armar su equipo, pues cree que si miles de personas están en un mismo lugar, el riesgo es igual sin importar la razón que los convocó.

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