9 de January de 2014 00:03

Ver filmes de miedo resulta liberador

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La oscura sala de cine es el ambiente propicio para sentarse a disfrutar de una dosis de adrenalina generada por una película de terror. Cubrir el rostro con las manos por el miedo, pero abrirlas al mismo tiempo para espiar lo que sucede, comprende uno de los placeres más básicos del ser humano: la necesidad de observar.

Con la llegada de la quinta entrega de 'Actividad Paranormal' ('Los marcados', desde mañana en salas), las películas de metraje perdido o falso documental copan la cartelera para reconstruir escenarios de terror más naturalistas y por tanto más cercanos a la audiencia.

La afición por esta narrativa cinematográfica funciona desde el sistema nervioso de la persona, el cual crea una advertencia al encontrarse en una situación que genera miedo. En ese momento, se trabaja una emoción neutra que es la sorpresa, la cual prepara al individuo para recibir tanto algo agradable, como desagradable.

De acuerdo con el psicólogo y comunicador, Lobsang Espinoza, el miedo está fuertemente vinculado con el placer y eso es lo que atrae tanto de estas películas. Espinoza explica que tener miedo produce gozo, porque ante esas circunstancias se segregan las mismas sustancias que fluyen en un orgasmo, como la serotonina o la dopamina que están relacionadas con la emoción En este sentido, la angustia y el gozo están correlacionados de una manera poco consciente.

Este deseo ambivalente de rechazar las escenas de terror y querer verlas al mismo tiempo parte de una necesidad que se conoce como pulsión escópica en la psicología y escopofilia en la teoría psicoanalítica. Según Santiago Castellanos, vicedecano y profesor de Comunicación y cine en la USFQ, este placer comienza al nacer, cuando el niño reconoce formas y luces. Desde entonces se aprehende esta fuerte necesidad de ver, para encontrarse en el otro a través de la mirada propia.

Castellanos comenta que las películas de terror apelan hacia una audiencia adolescente, aunque no de manera exclusiva: "Están dirigidas a un público que busca estimulaciones tanto emocionales como físicas a través del cine". En este contexto ciertas películas del género guardan un código moral que puede tener "un subtexto bastante conservador" que se lee en la condena de muerte a los personajes que utilizan drogas o han tenido sexo antes del matrimonio.

Con o sin estos mensajes, la industria del terror sigue incrementando fieles seguidores puesto que enfrentarse a una película de este género implica, también, probar los niveles de ansiedad que cada persona está dispuesta a tolerar. Al comprender que lo que se proyecta no es nada más que un juego de luces, Castellanos indica que la audiencia siente control de lo que sucede y eso le permite arriesgarse a desafiar esta situación de miedo.

En cierta medida es un miedo seguro que - para Espinoza- funciona como catarsis. Puesto que al finalizar la película se terminará con una sensación de agotamiento y alivio, un sentimiento de que algo fue liberado del organismo. Llega un momento de calma cuando se ve la luz luego de la inmensa oscuridad que componen los filmes de terror.

El gusto adquirido por estas películas responde a la búsqueda por una satisfacción personal, que los seres humanos tienen por instinto. Espinoza compara el deleite de los ­deportes extremos como similar a la satisfacción de ver películas de miedo. Pues ambas involucran el temor de enfrentarse a la nada.

La constante presencia de la muerte en las temáticas del cine de terror implica -igualmente- cierta atracción. Para Castellanos, el retrato de miedos o ansiedades sociales con relación a lo paranormal, la muerte o lo desconocido provocan curiosidad natural que se responde y reinventa en muchas de estas películas.

Ingresar a las salas de cine es una forma de romper con la rutina y de encontrar un escape emocional frente una forma cómoda y segura. Adaptarse y conocer cómo se reacciona -de manera defensiva- en situaciones de alarma extrema permite vivir experiencias intensas con tan solo sentarse frente a la gran pantalla.

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