2 de March de 2010 00:00

El sida ya no sube a las tablas en Nueva York, hoy es el amor gay

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Olga Imbaquingo.

Talvez sí o talvez no. Con su batalla a favor de matrimonios del mismo sexo y la polémica sobre la normativa que impide a los homosexuales declarar su orientación sexual para entrar al Ejército, una microtendencia parecería estar a la vista: la del arte con sensibilidad gay.

En el último lustro han sido más visibles en galerías con exhibiciones colectivas como ‘The male Gaze’ en Brooklyn; en el cine, la película ‘Milk’ es su último ícono; revistas como Pinups y K48, reality shows como ‘Queer’; y ahora vuelven con más fuerza a las salas experimentales de teatro.

La promoción nacida en los ochenta ya no golpea de frente al trauma de los efectos del VIH-sida que devastó a la anterior generación de gays en EE.UU.

Esta continúa su lucha contra los prejuicios sobre los homosexuales, quienes creen en su derecho a casarse y adoptar niños o tenerlos gracias a vientres de alquiler, sin desechar la nostalgia de los tiempos cuando no había sida.

En 2007, AA Bronson, en la presentación colectiva de ‘The male Gaze’, artista y curador de arte, ya notó que “son más frecuentes las pequeñas olas gays y todas con una vertiente de creatividad”.

Con nuevos aires políticos en Washington, el presidente Barack Obama está pidiendo acabar esa anacrónica normativa militar, conocida como “No pregunte, no lo diga”, que impide a las personas declararse gays o lesbianas mientras estén en el Ejército y que no permite reclutar a quienes reconocen ser homosexuales.

La readaptación de ‘Yank!’, no podía llegar en un momento más preciso a Nueva York. Recreada durante la Segunda Guerra Mundial, la obra relata la relación amorosa entre dos soldados antes de “No pregunte, no lo diga”.

El reparto se entrega con pasión para captar el espíritu y la nostalgia de esos tiempos, sin pasar por alto la abundancia de prejuicios y el deseo ilimitado de sobrevivir. ‘Yank!’, un trabajo de los hermanos Joseph y David Zellnik, es “un pedazo de entretenimiento de nuestra historia secreta, con abundantes detalles históricos y psicológicos. Es una obra para convertirse en un musical de gran estatura”, dice el crítico de teatro, Scott Mandelson, en nytheatre.com.

En principio, se supone que la obra solo explora una realidad que a los heterosexuales puede parecerles distante. Pero al final resulta cercana por sentimientos como el amor, relaciones como la amistad y derechos como la ciudadanía, la igualdad y la pertenencia a la cultura y a la sociedad.

En esa nueva cesta de musicales -hay siete sobre sensibilidad gay y significados más allá del rótulo de homosexual- también se presenta fuera de Broadway, en Nueva York: ‘Next fall’. Aquí, la religión pone a prueba a una pareja gay y donde el drama ya no es el sida ni en un crimen de odio, sino en un accidente de tránsito .

Lo de hoy es menos politizado, panfletario y activista, como dice The New York Times “son más sutiles, más matizados: se estacionan en la cotidianidad de los estadounidenses con un contexto gay marcando presión sobre los matrimonios, la paternidad y la adopción gay y sus variantes”.

En 2010, los gays no están políticamente motivados por la intolerancia de los gobiernos de Reagan y Bush como en los ochenta y noventa. Lo de hoy es Obama, y temas cotidianos que no son de exclusividad gay sino de todos.

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