21 de December de 2010 00:00

El show continuará pero sin el famoso entrevistador Larry King

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Olga Imbaquingo.

Hasta hace algunos años para sus seguidores era como una obligatoria misa de domingo. No había que faltar a la cita de las 09:00 de lunes a viernes porque hasta su altar llegaban políticos como ex presidente de Rusia, Vladimir Putin; el mandatario iraní, Mahmoud Ahmadinejad y desde hace 25 años todos los presidentes de EE.UU. y las primeras damas.

Tampoco se resistían a la levedad de sus preguntas y a su legendaria figura la crema y nata del mundo del espectáculo y del deporte ni lo más horrible y cutre que la frenética factoría del espectáculo que se nutre de masivas audiencias.

Pero desde la noche del viernes ya no hay más misa bajo el título de Larry King Live. El entrevistador de anticuados tirantes se despidió y así termina una era para CNN y también para un formato de la televisión que tanto éxito daba hasta hace algún tiempo.

Para el icónico King parecía que solo bastaba acariciar la lámpara maravillosa y su buen Aladino le concedía lo que quería: además del político, el deportista, la celebridad o los familiares del muerto más famoso del momento y, por sobre todo, las audiencias que lo tenían en la cresta de la ola.

Pero le llegó la hora de colgar sus famosos tirantes porque en el negocio del espectáculo, King con 76 años, se estaba haciendo viejo y no logró a tiempo cambiar su formato. “¿Viste que se estaba durmiendo frente a las cámaras?”, empezaban a escribir los blogueros y los periodistas que hacen crítica de televisión.

Literalmente King nunca se durmió, lo que sí era notorio fue su falta de preparación para las entrevistas. Con Ahmadinejad fue más que inaudito. Tenía en frente al político que le causa muchos dolores de cabeza a Estados Unidos y King le regaló el plató sin ponerlo contra la pared por el programa nuclear, los derechos humanos y unas elecciones por demás engañosas que le volvieron a dar el poder.

En algún momento el entrevistador entrevistado reconoció que solo llegaba a la hora del programa a poner su figura porque lo que él prefería en Los Ángeles era sentarse en las mañanas a tomar un café con sus amigos, sin las prisas que conlleva llevar el día a día de Larry King Live.

No miró o no quiso mirar que en este acelerado proceso mediático, preñado de voyeristas audiencias, los reality shows como American Idol, Bailando con las estrellas, Sobrevivientes o aquellos que buscan la modelo o diseñador del año le quitaron oxígeno. En general toda la programación de CNN está perdiendo espectadores frente a otros canales y Larry King Live no fue la excepción.

A la misma hora le salieron competidores de peso como Joy Behar que es capaz de llevar a su plató a las mismas estrellas de King y armar un programa más fresco, entretenido y este sí con las preguntas audaces que él casi nunca se atrevió hacer.

Rachel Maddow también le robó el show. Ella es una lesbiana declarada que al igual que el entrevistador de los tirantes no es periodista, ha logrado capturar públicos, especialmente las de pensamiento liberal, en una hora donde los estadounidenses parecen privilegiar más la confrontación política que la vida de otros.

Fortunas y miserias, éxitos y fracasos, matrimonios y divorcios se ventilaron en su programa y no pocas veces su propia vida personal lo asaltó en las esquinas de su vida cuando debatía con abogados y publicistas el divorcio de Tiger Woods, mientras en la revista People King hacía noticia.

Hasta que llegó el día final y le devolvió el golpe al menos, por una noche, a uno de sus competidores el ultraconservador Sean Hannity de Fox News, quien competía por el pastel de la audiencia de las nueve la noche: 2.1 millones de espectadores lo vieron por última vez, un número del todo disminuido si se compara con los 3.5 de sus buenos tiempos.

King, el longevo pinchador de discos, se va a la casa pero promete volver reinventado en aún no se sabe qué. Si lo que traerá a futuro será digno de aprender no se sabe. Pero el legado que deja no hay que olvidar: busque la fórmula para convertirse en leyenda pero nunca se enfrente a un entrevistado sin antes haber hecho del deber. King hizo lo primero, lo segundo le resbaló.

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