30 de January de 2014 00:01

¿Realmente es tan fácil tocar electrónica?

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El 11 de enero, un usuario de YouTube publicó un fragmento del recital del productor y DJ francés David Guetta en Brasil. En el mismo, se alertó al mundo que la memoria USB del francés dejó de funcionar y que por eso la música no sonó sino hasta después de 20 minutos. La noticia generó una avalancha de comentarios, especialmente despectivos, no solo contra el trabajo de uno de los DJ más populares del mundo, sino también contra la música electrónica en general.

Muchas de las aseveraciones, de quienes no son parte del mundo de los sintetizadores y computadoras, acusan a toda la escena electrónica de no 'tocar' en vivo sino solo de poner 'play'. En contraste, el pasado domingo en los Grammy, el dúo de electro Daft Punk (ganador de cuatro premios) presentó uno de los performances más aclamados de la noche. Toda la banda y los robots parecían depender de elementos más musicales que de una memoria 'flash' o del botón de 'play'.

Entonces, responder si hacer música electrónica en vivo es tan fácil como aplastar botones, requiere antes ciertas puntualizaciones. Para empezar, es necesario diferenciar dos tipos de actos. El primero y más común es el de los DJ. En esta categoría entran tanto los conocidos (Guetta, Aoki, Hardwell) como los más 'under', como Lee Foss. Su trabajo es mezclar música y mantener la fiesta prendida, ya sea con 20 personas en casa o con miles en el Centro de Exposiciones.

Por otro lado, están los que basan sus shows en el 'live set'. Artistas de esta corriente, como Daft Punk, sí tocan música en vivo. Aparte de la banda con la que contaron en los Grammy, los de casco tenían en­frente una serie de sintetizadores, controladores y máquinas de percusión, con las que interpretaban la música que se escuchaba. Esta tendencia se basa en gran medida en las innovaciones de Plastikman (Richie Hawtin), quien expandió los límites del DJ hacia el control más humano.

Ahora bien, este tipo de presentaciones no son nada fáciles desde lo musical, pues se requieren conocimientos y dominio del instrumento digital, de igual forma que los que se precisan para tocar con instrumentación tradicional. Lo que resta analizar es el oficio del DJ y su relación con el talento musical y el arte. Como se dijo antes, el DJ jugará con el volumen, la ecualización y ciertos filtros para empatar pistas de música grabada, con la intención de entretener por horas.

Según el productor quiteño Frank Johnson, el DJ solo se vuelve relevante si es un buen productor (compositor, en términos de música electro). Es decir, si se conoce el trabajo de alguien será más por su faceta creativa (que empata y se puede entender desde la composición tradicional) que por mezclar temas propios o ajenos en vivo. Para este veterano de la escena local, el arte del DJ radica en contar una historia con la música como herramienta; "eso requiere talento y años de formarse", asegura.

Esto se contrapone a una tendencia en la que el acceso a nuevas tecnologías abrió puertas a la proliferación de DJ. Hoy en día, ni siquiera es necesario el uso de tornamesas para mezclar en vinilo o en CD, sino que solo se necesita una computadora y un 'mixer'.

Para el también productor ecuatoriano Enrique Vela, esta facilidad, aparte de ser más atractiva que estudiar años en un conservatorio, ha mermado la capacidad del público de distinguir un set técnico (con ­tornamesas) de un set de aplastar botones. "Si haces una buena fiesta no importa el resto", afirma resignado.

Sin embargo, en un mercado en el que está de moda ser DJ, y que es relativamente fácil convertirse en uno, el talento hará la diferencia entre un nombre con proyección y otro restringido para la fiesta de amigos. Por eso Johnson recuerda que existen DJ con escuela académica, como el ecuatoriano Nicola Cruz, que tiene formación universitaria en Música y que ese plus le ha permitido codearse con grandes nombres a escala internacional.

Con esto concuerda la DJ Domi Charvet, quien asegura que aparte de un oído educado y el conocimiento técnico, es necesario conocer cómo jugar con los sonidos y sus efectos en las personas. "Si quiero melancolía tengo que poner sonidos altos. Para bailar, lo mejor son los sonidos gruesos".

Lo cierto es que un buen set de un DJ va más allá de poner 'play' y de la moda de tener audífonos en la cabeza; esto incluye estar preparado si las cuerdas de la guitarra o la memoria USB se rompen.

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