12 de June de 2010 00:00

El ‘Príncipe de Persia’ nació en un patio trasero de Nueva York

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Estéfano Dávila Ferri

Hace 21 años, nació un príncipe sin trono. Su reino era el de las computadoras de hogar y su padre un joven programador neoyorquino: Jordan Mechner.

‘Príncipe de Persia’ tenía una historia simple: un joven se enamora de una princesa, a la que un malvado sultán toma prisionera.

Él tiene una hora para salvarla; para hacerlo debe atravesar trece niveles, a manera de laberintos, que progresivamente se tornan más y más complicados.

Esto, que a primera vista suena bastante simple, marcó una ruptura en la concepción de los videojuegos en los ochenta.El 28 de agosto de 1985, Mechner (de 21 años) escribió, en una carta al director de Broderbund, las ideas que empezaron a surgir de su cabeza: un Sultán, una princesa, un joven. Un escenario muy parecido a una película de Disney. Mechner utilizó para crear el juego una tecnología que hoy en día es un estándar para la animación: la captura de movimiento o ‘Motion Capture’.

Claro que él lo hizo a su modo: una videocámara y su hermano, vestido de blanco, corriendo y saltando en el patio de su casa.

A los 22 años, Mechner tenía una oficina en Broderbund, un aparato digitalizador de imagen (que usó para pasar al computador las filmaciones que había hecho de su hermano) y una idea muy clara: un video juego debe ser entretenido.

Mechner ya había programado su primer juego, llamado simplemente ‘Karateka’, cuando tenía 20 años y todavía era estudiante de la Universidad de Yale.

Eventualmente el juego llegó a vender, en toda su historia, aproximadamente 500 000 copias con la compañía Broderbund.

Los directivos de la empresa empezaron a apostar fuerte por este joven, pero él estaba indeciso. Sabía programar, pero quería ser guionista de cine.

Y la dedicación que le dio a sus propios guiones hizo que muchas veces se retrasara el desarrollo del nuevo videojuego, que muchos en Broderbund veían como un gran sucesor de ‘Karateka’.

‘Prince of Persia’ vio la luz en 1989. Mechner tenía 25 años y su mente estaba ahora centrada en la creación de videojuegos. Para 1993, sacó la segunda aventura del Príncipe, titulada ‘the shadow and the flame’ (La sombra y el fuego) también de la mano de Broderbund. La escritura de guiones ahora parecía solo un sueño lejano del pasado.

Mechner fundó su propia compañía, Smoking Car Productions y en 1997 creó un juego para computadora llamado ‘The Last Express’, basado en un pasajero del Expreso de Oriente y en un viaje que ocurría en julio de 1914, a un paso de la Primera Guerra Mundial.

Smoking Car Productions cerró sus puertas y Mechner se hizo de un aliado poderoso: Ubisoft.

En el 2001, esta compañía decidió relanzar la franquicia del Príncipe, poniéndole un nuevo giro a la trama y dándole un nuevo nombre: Las arenas del tiempo.

Este juego fue el que inspiró a Disney a producir la película del mismo nombre, donde Mechner cumplió su sueño de juventud al colaborar con el equipo de guionistas en la historia.

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