28 de May de 2010 00:00

El Príncipe Dastan toma la posta del pirata Sparrow

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Alejandro Ribadeneira

El verano cinematográfico, taquillero y causante del incremento del consumo per cápita de canguil, se inicia hoy con el estreno de ‘El Príncipe de Persia’.Esta película es heredera legítima de ‘Piratas del Caribe’ y, como tal, cumple con lo que promete en sus afiches: escenarios exóticos, duelos de espadas, toques sobrenaturales, un reparto con oficio, romance, efectos especiales y una historia con cierto nivel de desarrollo.

Detrás de la fórmula está el productor Jerry Bruckheimer, quien es el verdadero chef de este recetario, el cual también se ha visto aplicado en la cocción de películas como ‘Top Gun’, ‘Un superdetective suelto en Hollywood’, ‘Armageddon’ y la trilogía de ‘Piratas’. Todas llevan la firma de Bruckheimer.

El Príncipe es, como sus antecesoras, un monumento a la diversión y al cine pensado como un acto de evasión. Cuenta las aventuras de Dastan, un niño callejero convertido en príncipe. Con el paso de los años, une sus fuerzas con una princesa rival, la bella Tamina, con el fin de detener a un cruel líder que pretende desatar una tormenta de arena que podría acabar con el mundo entero.Bruckheimer, aunque se basa en la idea de ‘El ladrón de Bagdad’ que luego Disney retomó con ‘Aladdin’, intenta sacudirse de su reputación de mero fabricante de billetes con un poco de cambios.

El más llamativo es, justamente, el guión, elaborado como una fábula sobre la búsqueda de la identidad y el manejo del poder. No ofrece la profundidad de, por ejemplo, ‘El rey león’, pero hay intenciones de contar, de dejar algo en la cabeza.

El equipo de guionistas tuvo la buena idea de no apegarse a la trama del juego de video en que se basa la historia de Dastan. Los escritores, aunque escucharon a Jordan Mechner, el inventor del juego, optaron por una historia nueva y dejaron guardado el joystick.

Otro cambio es la apuesta por el actor Jake Gyllenhaal para el papel de Dastan. Gyllenhaal, con su carrera enfocada en el cine independiente, es conocido sobre todo por su papel de vaquero homosexual en ‘ Brokeback Mountain’, la controversial película del 2005.

Filmes comerciales como el del Príncipe suelen contar con estrellas como Johnny Depp, Orlando Bloom, Bruce Willis , por último, Shia LaBeouf.

Apostar por Gyllenhaal es un riesgo, aunque Bruckheimer también desea un nuevo rostro para, si la taquilla responde, crear una saga tan poderosa como la de Piratas. Después de todo, Johnny Depp no puede hacerlo todo él solo.

Gyllenhaal luce algo acartonado en su faceta de héroe, pero se muestra más resuelto en la parte romántica, cuando tiene los contrapuntos con la actriz Gemma Arterton, ex chica Bond que muestra oficio en su papel de dama en apuros.

La química entre Gyllenhaal y Arterton permite que la arista del amor sea bien llevada, aunque es inevitable acordarse de ese explosivo triángulo que armaron Jack Sparrow, Will Turner y Elizabeth Swann, en la saga de los Piratas.

El elenco secundario es de lujo, encabezado por Ben Kingsley y Alfred Molina. El primero está cargo del villano, quizás demasiado obvio; mientras que Molina, como el maestro de Dastan, ofrece una nueva demostración de por qué se lo considera uno de los mejores actores de reparto de ahora.

Aunque, otra vez, es difícil olvidarse del capitán Héctor Barbossa, de los Piratas.

La banda sonora es todo un acierto, compuesta por Harry Gregson-Williams para mantener al público atento a lo que se muestra en la pantalla.

Los efectos especiales han generado controversia. El filme ya se vio en Europa antes de su estreno en América y los comentarios son variados.

Unos críticos los han considerado adecuados, mientras que otros los califican de demasiado normales, decepcionante para los USD 150 millones de presupuesto.

El más vapuleado en todas las consideraciones es el director, Mike Newell, acusado de haber dejado mal parado a Harry Potter cuando dirigió ‘El cáliz de fuego’. Newell es visto como un simple títere de la fórmula del productor Bruckheimer, incapaz de dejar una huella personal. Incluso le criticaron con dureza el montaje, algo en lo que sí intervino.

En todo caso, el Príncipe no es una obra de un director sino un refinado y efectivo producto de diversión creado bajo una receta infalible. El resultado: un plato sabroso, bien presentado, con pocas proteínas.

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