14 de May de 2010 00:00

‘El pasillo tuvo su momento histórico y no se trata de olvidarlo sino de darle nueva luz’

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Red. Espectáculos,

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¿La venta de 25 000 copias del disco de pasillos ‘Con toda el alma’, de Juan Fernando Velasco, prueba que el género está arraigado en la identidad del ecuatoriano?

Es una muestra también de una maquinaria de promoción y de difusión muy buena. Hay otros trabajos que no han tenido apoyo. Sobre el arraigo, pasa que no tenemos una identidad muy definible porque somos un pueblo diverso. La realidad del indígena es distinta a la del mestizo o a la del negro y encima hay ramificaciones socio-económicas. Por eso, es difícil pensar que el pasillo representa a todos. Pero dentro de toda la diversidad puede que el pasillo sea uno de los géneros más apreciados, aunque no sé qué pensaría un indígena, por ejemplo, del pasillo frente a toda su música.

¿No hay una relación más bien socio-cultural con tinte de melancolía y nostalgia?

El pasillo es introspectivo. En su origen, las letras fueron muy nihilistas (existencial). Es música sentida, profunda, pero no sé cuánto nos representa. Creo que la identidad ecuatoriana está aún por definirse. Es un género muy aceptado por la mayoría de gente, pero no sé cómo lo ven las nuevas generaciones. Cuando era joven, el pasillo no me importaba ni tenía valor para mí. Yo quería oír rock and roll. Hasta cierto punto vivimos esa misma realidad por la alienación cultural. Pero también es una época nueva con el Internet y más opciones de información.

Velasco no cambió la estructura musical, solo agregó su estilo ¿hay que rejuvenecer al pasillo?

Cuando escribo pasillos, busco una voz muy personal, una forma de rendir tributo al género con mi estilo. No pienso ni mejorarlo ni modernizarlo. El pasillo tiene su vigencia, tuvo su momento histórico también y no se trata de olvidarlo sino de darle nueva luz a nuestra herencia. Yo trato -y creo que también trataron de hacerlo en ese disco- de hacer una interpretación contemporánea, pero con la esencia del género. Ahí cantan muchos que suenan poperos, pero sigue siendo un pasillo. El propósito es dar una nueva visión a un ritmo tradicional.

En el país, los conciertos de géneros tradicionales en voces de los Miño Naranjo, Los Brillantes, Los Reales, Paulina Tamayo, los Núñez, el Trío Colonial... son muy concurridos. ¿Por qué cree que su vigencia permanece?

En la música como en cualquiera de los miles de oficios, un ecuatoriano puede sobresalir, de hecho muchos ya lo han hecho. Pero a nivel cultural, lo único que nos diferencia del resto del mundo es lo nuestro. Podemos tener una banda de heavy excelente, un popero que suene bien, pero se oye como miles más. Nuestra música nos saca del montón, y le da en el corazón a nuestra identidad. El pasillo nunca va a morir a pesar del embate de afuera, sobre todo para los jóvenes, que desde chiquititos ven en los medios qué comprar, qué íconos tener...

El formato tradicional del pasillo se mantiene vivo pese a que grandes como Benítez y Valencia, Carlota, Julio y Pepe Jaramillo ya no están. Ahora hay artistas que han querido refrescarlo. ¿Cómo cree que debe ser el proceso?

Debe ser un trabajo honesto, no por la cantidad de discos que vas a vender o por el ‘hit’ que vas a tener. Si es un trabajo honesto tendrá repercusión. En mi caso, creo por una necesidad vital. El haber indagado en la música nacional fue por algo muy mío. No creo que deba existir un mandato de que los nuevos deban hacer esta música. Pero si les nace y lo van a hacer con el cariño y la dedicación que se merece, me parece que debe ser una iniciativa apoyada.

Si bien el pasillo tiene una estructura musical que debe ser respetada, la época, la forma de hablar y la forma de componer cambian. ¿Qué rasgos debieran conservar los nuevos pasillos?

Es difícil que hables de “mueve la cintura, qué rica que estás” porque es una música muy seria y su naturaleza te lleva a expresarte de cierta manera. Ahora, lo que se escribe hoy en día no va a ser lo mismo que escribieron los de la Generación Decapitada. Por lo que he escuchado, era un enfoque de sentimiento profundo, de amor, de melancolía, de angustia. No necesariamente esa tiene que ser la temática del pasillo, pero el estilo de música no se presta para cualquier tipo de letra.

¿Considera que el pasillo puede llegar a las nuevas generaciones como ocurre con el vallenato, la bachata, el bolero o las rancheras?

Creo que se está viviendo el inicio. Me alegra ver que hay más gente que está incursionando por este camino. Pero me gustaría ver que suceda con todos los ritmos tradicionales del Ecuador. Es tan diverso que es muy difícil decir que el pasillo será el unificador. Puede que la bomba, porque es más rítmica y bailable, tenga un impacto. Estamos viviendo una etapa de lo que puede llegar a ser una nueva música ecuatoriana.

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