20 de June de 2010 00:00

Sus oficios llevan la marca del padre

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Redacción Espectáculos

Los artistas Wilson Pico, Cristian Hidrobo y Lucho Cáceres cuentan los legados que les dejaron sus padres. Los tres reconocidos talentos revelan cómo cultivaron su amor por la danza, la música y la actuación, respectivamente.

‘Constancia, eso recuerdo de él’

Wilson Pico Bailarín y coreógrafo de danza contemporánea

Conservo varios recuerdos de mi padre. Pero admito que fueron tres los que marcaron mi vida. Esos precisamente ayudaron    a mi desarrollo como bailarín profesional.

Por supuesto que esa no era la intención de mi padre, Salvador Pico, quien  pensaba verme  vestido como un zapatero.

Mi familia es enorme,  éramos 12 hermanos: ocho hombres y cuatro mujeres; mi  hermano Julio lamentablemente  ya falleció.

En la noche, después del trabajo, mi padre nos reunía alrededor de un fogón. Allí, nos relataba leyendas, historias y cuentos.

Con el paso del tiempo eso  me ayudó en mi desempeño como coreógrafo de danza al momento de concebir las  historias. También me sirvió de mucho aprender a labrar y cuidar la tierra.

Eso me dio un sentido de responsabilidad, pues era esa tierra la que nos proveía de comida. Yo vengo de una familia humilde. Allí la necesidad era el pan de cada día, por eso cuidar de esa tierra era como cuidar de una vida.

Me encantaba cómo mi padre me enseñaba a  moldear la tierra del Itchimbía. Eso mismo aprendí a hacer con mi  cuerpo cuando me involucre en la danza.

Y a bailar también me lo enseñó él. Aún recuerdo cuando  me llevaba a su  trabajo, en una fábrica de  vinos,  y  me hacía pisar las uvas con los pies descalzos.

‘Su legado fue su música’

Cristian Hidrobo  Músico profesional

Todo lo que soy  lo aprendí de mi padre Homero  Hidrobo.  No recuerdo mucho de él, pues murió hace  33 años, cuando yo   tenía 3. Sin embargo, me  dejó su música y sus composiciones, lo que me ha ayudado  a cultivar el amor por los temas clásicos y la música  folclórica.

Mi padre era un amante de esa música. Le encantaba tocar la guitarra y otros instrumentos.

Toda mi niñez y adolescencia escuché  la música de la que se deleitaba  mi padre. Lo hice motivado por mi madre. También por conocer algo más de él.

Ahora, gracias a ese legado, soy el músico que ven en las tarimas. Esas composiciones  calaron  tanto en mi alma que ahora también compongo temas  clásicos, aunque esa música no sea tan valorada por nuestro público. También me gusta el jazz y, como mi padre, soy un admirador de Beethoven y Bach.

Pese al desdén del público ante ese tipo de música,  jamás  me he visto tentado en abandonar ese género. Mi padre  fue fiel a ello y yo intento ser lo más honesto posible, en mi carrera y en mi  vida como ser humano.

Por sobre todas las cosas  trato de ser sincero con las personas que me rodean. Ese también es un legado de mi padre.

Homero  Hidrobo  también me dejó buenos amigos, que aún se acuerdan de él y me ayudan a saber cómo era. Por suerte, ninguno  me ha hablado mal de mi padre, hasta ahora (sonríe).

‘El amor al arte nació de papá’

Lucho  Cáceres Actor profesional

Todo  lo que soy lo aprendí  de mi padre Petronio.  Desde los  mínimos valores que debe tener un ser humano   hasta el amor por el arte, por estar  sobre  un escenario y crear  obras.

Papá me  enseñó a ser  humilde, generoso, sincero y honesto. Eso sin duda ha influenciado en mi vida y en mi formación como actor profesional. La  afición por representar obras nació desde que  era  un niño. Mis padres hacían títeres y teatro. Además,  fueron los primeros en inaugurar el Teatro Prometeo con la pieza ‘Derrumbe en el viejo mercado’.

Vivir en ese mundo de magia, colores y   fantasía me sedujo.  Por eso en mi juventud estudie  pantomima y actuación. Papá también fue importante en esa  etapa de  mi  vida. Él fue el primero en apoyar todas mis decisiones.

Gracias a él también cultive el amor por la lectura, por siempre buscar más información y a no quedarme conforme.

Mi padre aún estudia   y eso me motiva para seguir  preparándome.  En ese  afán por superarme recuerdo que compartí la  banca de clases  con  papá. También recuerdo que él fue mi profesor en la universidad.

Lo más gratificante ha sido compartir el escenario con  papá. Ambos hemos actuado en diferentes obras. El papel de director nos  hemos turnado.

Todo lo compartido hasta ahora  ha hecho que  los lazos familiares  se  tornen más fuertes, todo gracias a su  apoyo y sus consejos.

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