28 de May de 2010 00:00

A la novia le urge ir de luna de miel

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Redacción Cine

Hoy se estrena una divertida, pero muy escabrosa comedia romántica canadiense. Se trata de ‘Mi primera boda’, que resulta un intermedio entre la clásica comedia ligera estadounidense con el sutil humor inglés.

La cinta empieza con fuerza y sin tapujos: Vanessa es una bella joven que pronto se casará, pero no deja de fantasear sexualmente con todo hombre al que ve. ¡Esperar a la luna de miel es un tormento! Ante eso, Vanessa busca refugio en la iglesia y confiesa lo que le pasa a un joven sacerdote.Los líos se desatan cuando este sacerdote, Nick, en realidad es un carpintero que estaba reparando el confesionario. Nick decide disfrazarse de clérigo para conquistar a Vanessa, quien todo lo que pedía era ayuda para resistir la tentación antes de la boda, y no que la sedujeran.

El falso sacerdote está a cargo de Kenny Doughty, actor inglés que logra reflejar con corrección la desverguenza de su personaje, el cual comete errores que están por revelar su verdadera identidad.

La gracia de la cinta es verlo salir al paso de, por ejemplo, su tatuaje, sus revistas y las fogosas ex novias que no pueden creer que Nick ahora vista de sotana.

Su mejor escena es cuando recurre a una estrambótica sesión de caras y gestos para violar el voto del secreto de la confesión.

La novia está a cargo de Rachael Leigh Cook, actriz de EE.UU. medianamente conocida por su papel en la comedia juvenil ‘She's All That’. Rachael Leigh Cook se luce en los primeros momentos de la cinta, pero luego su labor decae, atada a un guión que resalta las locuras de Nick y no pretende profundizar el conflicto interno de la novia lujuriosa.

Los actores secundarios son de gran nivel (Paul Hopkins se luce como el caballeroso y dulce novio), aunque algunos personajes aparecen sin razón, como la mamá de Nick, cuya presencia solo aporta una risa más.

También actúa Valerie Mahaffey, la Alma Hodge de la serie ‘Amas de casa desesperadas’.

Aunque hay partes muy divertidas (unas mejor pensadas que otras), el final del relato pierde fuerza. Los chistes dan paso a un cierre que sirve para alegrar a los que esperan un final feliz en este tipo de historias.

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