21 de August de 2010 00:00

‘Las nenas’ no se olvidaron de su Sandro

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Santiago Estrella.

Como todos los años, aunque esta vez con lágrimas por su ausencia, ‘las nenas’ volvieron a adorar a Roberto Sánchez, más conocido como Sandro. El 19 de agosto pasado, día en que hubiera cumplido 65 años, llegaron hasta su casa de Banfield y al teatro Gran Rex, de la calle Corrientes.Ahí develaron una placa en honor al cantante fallecido el 4 de enero pasado. Fue en ese teatro donde cosechó su gloria y en donde hizo 40 noches consecutivas en 1998, algo que nadie había logrado. “En este escenario, SANDRO, artista popular excepcional, conmovió y convocó multitudes llegadas de todo el mundo”, dice la placa que los espectadores verán en una de las salas a la que solo los consagrados llegan.

“No puedo creer que la gente venga solo para ver cómo ponen una placa”, decía una joven que pasaba por el Gran Rex al ver a cientos de fanáticos esperando tomarse una foto con la placa. “Es que por Sandro vamos a hacer todo lo posible. En Banfield (en donde vivió Sandro) inauguramos una plaza con su nombre y estamos haciendo todos los esfuerzos para que pase lo mismo con la calle que cruza por su casa”, aseguraba Delia Montiel, de la agrupación Todo por Sandro.

Héctor Vega, un veterano de la guerra de Las Malvinas (1982) estuvo también ahí mirando en silencio, melancólico. “Lo seguí siempre, me marcó mucho de chico, me trae recuerdos. Se mezcla una serie de factores de infancia y juventud”. Y añade que lo extrañaba en el crucero General Belgrano (barco insigne de la guerra y hundido con más de 323 víctimas en 48 horas de naufragio) “aunque no me daba para tararear sus canciones”.

Sandro era el personaje, pero todos admiran a Roberto Sánchez, la persona, como Roberto Delfaccio, del programa radial ‘A todo Sandro’, una radio de la localidad de Lanús. “Roberto Sánchez nos dio la bendición porque difundíamos su música. Nos llamó muchos sábados, nos contaba anécdotas, nos cantaba y hasta nos dejaba mensajes como si fuera un oyente más”.

Sebastián Giunta, su pianista de muchos años, no podía ocultar su emoción. Su voz se quebraba y casi no podía hablar. “Es un merecido homenaje al más grande de todos los argentinos. Fui su director...”. Es todo lo que dice de él. Sus músicos y sus amigos mantienen la reserva que a él le gustaba cuando vivía detrás de la muralla de Banfield. Nadie pudo meterse en su vida y fue eso lo que alimentó su leyenda.

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