24 de April de 2014 00:03

Mustaine en Quito, entrega e intuición

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El escenario donde se presentó Megadeth, banda de thrash metal, estuvo decorado con una pantalla grande en el centro y dos pequeñas a los lados. Más tarde se proyectaron imágenes de hombres enmascarados y un cementerio de cruces blancas. Esto, mientras la gente coreaba el nombre de la banda, para que apareciera en la tarima del Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.  

La noche del martes se vio a muchos fans levantando las manos y pidiendo a gritos la canción más solicitada: A Tout Le Monde, uno de los temas del disco 'Youthanasia'. Luego de la presentación de la banda nacional Basca, la gente llamaba a los metaleros estadounidenses con más fuerza. Al parecer, Dave Mustaine escuchó las 'súplicas' y apareció junto con sus compañeros.

El líder de Megadeth estuvo de buen humor. Así lo demostró con la confianza y cariño con que trató a la gente capitalina. Su actitud no fue indiferente. En todo momento trató de conectarse con su público. A ratos parecía que el metalero tenía toda la intención de bajarse de la tarima para entregarse de lleno a sus miles de fanáticos.

Las demostraciones de afecto fueron mutuas y la gente coreaba el nombre de Mustaine sin parar. Su enérgica voz se vio contrastada por un problema técnico. El sonido de un parlante principal del lado izquierdo se quebró.

Luego de interpretar los temas Hangar 18 y Hangry Again, el espectáculo se paró. Nadie dio una respuesta satisfactoria para la falla del sonido.

No solo fue novedosa la actitud cordial de Mustaine, sino la vestimenta de varios de sus seguidores. A muchos se los vio un tanto raros para encajar en el estereotipo del thrash metal. Usaban pelo corto, terno, camisa y corbata.

Alejandro Morales, de 36 años, es un fan de la banda, pero no tuvo tiempo para cambiarse de ropa tras la jornada laboral. En su trabajo le exigen que vista formal. Cree que el gusto roquero se lleva en el alma y no en la 'facha'.

En el escenario, el guitarrista Chris Broderick mantenía una postura más fría con la gente, pero bastante profesional con su instrumento. Sus solos sonaban potentes y solo fueron apagados por la falta insis­tente de sonido.

Desde una consola cercana al parlante afectado, se veía un humo intenso. Los organizadores trataban de disimular el hecho, tapando la caja de controles con un mantel negro.

En otro acto de humildad inusitada, el propio Mustaine tomó el micrófono y pidió disculpas por las fallas de audio. Ese fue el momento para complacer y compensar al público con la tan pedida canción: A Tout Le Monde.

Dave se dio cuenta de la emotividad del tema y se calló... dejó que los asistentes interpretaran gran parte de la canción.

La intuición de Mustaine seguía dominando las mentes roqueras, por eso fue el aclamado tema Symphony of Destruction el que despidió la velada metalera.

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