27 de August de 2010 00:00

‘El último maestro del aire’ es una apuesta al efecto especial

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Marcos Vaca M.

Al menos dos aciertos y dos defectos se encuentra en ‘El último maestro del aire’. La cinta es una adaptación de la serie ‘Avatar, el último maestro del aire’, transmitida por la cadena estadounidense Nickelodeon.

El primer acierto está en su puesta en escena. El director M. Night Shyamalan (‘Sexto sentido’, 1999) ha trata de ser fiel a las escenas de la historieta. Los combates de los maestros del Fuego y Agua impactan y las armas utilizadas tienen parecido a la afamada serie de TV.El segundo punto de realce son los efectos especiales. Estos combinados con las coreografías de los actores hacen que-en la línea de la historia- sean atractivos y verosímiles. A esto se suma la construcción estética de los paisajes y los personajes.

La historia se cuenta en parajes orientales llamados Reino Tierra del Sur, Reino Tierra del Norte... que en su mayoría están dominados por La nación del Fuego. Los miembros de esta nación, ayudados por máquinas de guerra, artes marciales y manipulación del fuego, imponen su ley y atemorizan.

Para combatirlos aparece Aang, el avatar o el elegido. Él tiene la capacidad de manipular los cuatro elementos de la naturaleza (aire, agua, tierra y fuego) aunque aún es un niño que no ha desarrollado más el poder de controlar el aire; es el último maestro del aire.

En la serie animada Aang es una leyenda. En la cinta el misticismo del avatar es poco explotado y en general la historia pierde su esencia si se la enfrenta a la serie animada de televisión.

Uno de los elementos que se extraña es la situación de humor de los personajes. Eso es precisamente uno de los ‘peros’ de esta producción. El director, más bien, opta por avanzar rápidamente en la historia y centrarse en los combates sin mostrar un trabajo actoral.

Exactamente eso se extraña del director M. Night Shyamalan. En su trabajo en ‘Sexto sentido’ logró asustar e hipnotizar al público. Mostró a un psicólogo de niños (Bruce Willis) con un pasado oscuro; atado a la realidad, a pesar de que era un espíritu y a un niño aterrorizado por los fantasmas.

Pero en esta cinta a ese Shyamalan hay que dejarlo atrás. El director tiene pocas aproximaciones a un argumento más profundo. Tuvo los elementos para hacerlo, ya que la historia, en el fondo, tiene un contexto ambiental: la lucha de los elementos aire, agua y tierra contra el fuego que no es más que la contaminación industrial. En ‘El último maestro del aire’, de hecho, se ve embarcaciones de guerra de La nación del Fuego con chimeneas contaminantes.

Tampoco hay una referencia contundente de la razón del avatar. Según el hinduismo, el avatar es una reencarnación de un dios y para otras religiones un maestro con fuerte influencia en sus discípulos. En ese punto, la cinta se queda en la epidermis y solo se arranca con una historia que aparentemente se completará en dos entregas más.

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