16 de July de 2010 00:00

Una verdad falseada se cuenta con frenetismo

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Redacción Cine

En ‘La ciudad de las tormentas’, el director, Paul Greengrass, propone como situación la incursión de EE.UU. en Iraq y la consiguiente (e infructuosa hasta ahora) búsqueda de armas de destrucción masiva.En esta cinta, tras una serie de dudas y sospechas, el oficial del ejército estadounidense Roy Miller (Matt Damon) busca encontrar la verdad ante tanta desinformación. Para ello, se enreda en una conspiración, donde no todos sus colegas se hallan en el mismo bando. El Gobierno, la CIA y el ejército luchan su propio tipo de batalla. El filme no duda en presentar el cuestionamiento moral del soldado por sobre el conflicto de un país en ruinas (vale destacar la ambientación), cuyas decisiones son tomadas por foráneos sentados en una mesa, lejos de la realidad caliente y dentro de una zona protegida (‘The Green Zone’, título original de la cinta). Es decir, el filme cambia una problemática social por la ‘heroica’ causa de un solo hombre, que saldrá bien librado. Una resolución que ante ojos ingenuos podría parecer romántica.Afortunadamente, en esta cinta el cuestionamiento del protagonista sobre el porqué de la intervención en Iraq trasciende la pantalla e interroga al espectador, le invita a dejar su inocencia a un lado, a desatar los hilos de la conspiración y a buscar las razones no dichas. En esa línea, el mismo guión puede dar la respuesta: “No es tu papel decidir lo que pasará aquí...”. En medio de la trama, se mencionan los peligros de la complicidad de ciertos medios con el poder establecido. Aunque siembra la duda, este punto no llega a desarrollarse del todo. Para retratar la situación, Paul Greengrass, utiliza el mismo lenguaje cinematográfico que le valió reconocimiento en la saga Bourne (donde Matt Damon interpretaba a un ex espía que revelaba una conspiración gubernamental) y en ‘United 93’ (un drama en tiempo real sobre el avión que no llegó a estrellarse con el Pentágono, en el 9/11). Se trata de un lenguaje construido con planos cortos, cámara en mano y temblorosa, con secuencias frenéticas y un ritmo vertiginoso en el montaje. Mediante esos elementos, se conjuga inteligentemente el cine de acción efectista con un estilo de reportaje bélico (Greengrass fue corresponsal de guerra), así logra equilibrar el entretenimiento impactante con un drama exigente. Y entre las ráfagas de disparos, las explosiones y los gritos, una única toma panorámica de una planta petrolífera, puede sugerir los motivos ciertos de una verdad convenientemente falseada.

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