15 de January de 2014 13:23

Clinton, Sarkozy y otros se vieron obligados a dar explicaciones públicas por infidelidad

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Varios estadistas, empezando por Bill Clinton, se vieron obligados a dar explicaciones públicas, o incluso a pedir perdón, por sus relaciones de infidelidad; François Hollande consiguió esquivar la presión mediática, limitándose a prometer una próxima aclaración sobre la situación de su pareja.

“Los asuntos privados se tratan en privado”, dijo Hollande a los periodistas que en su rueda de prensa del martes le interrogaban sobre las revelaciones de una revista sobre su relación con la actriz Julie Gayet. El mandatario francés admitió que su pareja con la periodista Valérie Trierweiler pasaba por “momentos dolorosos” y prometió aclarar la situación antes de su próxima visita a Estados Unidos, el 11 de febrero.

Una manera diferente de tratar la vida privada en el mundo anglosajón.

En lo que respecta a la vida privada, hay una enorme diferencia entre los estadistas del mundo anglosajón, donde la frontera entre lo privado y lo público es tenue, y el resto del mundo, en particular en el sur de Europa, donde la privacidad es más respectada y las historias de amores o amoríos más toleradas.

En agosto de 1988, el presidente estadounidense Bill Clinton se vio obligado a admitir, a través de un vídeo, ante un gran jurado, que había tenido una “relación inconveniente con una colaboradora de la Casa Blanca, Monica Lewinsky.

Tres semanas después, bajo la presión del fiscal Kenneth Starr y de la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, el mandatario demócrata tuvo que admitir en directo en la televisión que, al reconocer esa relación, no se mostró lo bastante arrepentido. Con lágrimas en los ojos, dijo que estaba “arrepentido” y “pidió perdón” durante una reunió con dirigentes religiosos del país.

Y solamente al final de su segundo mandato logró librarse de un proceso de destitución.

En el polo opuesto de las costumbres norteamericanas, el presidente ruso Vladimir Putin y su esposa Liudmila anunciaron en junio de 2013 su divorcio, en una entrevista televisada.

La pareja no se mostraba junta en público desde hacía años y el secreto era total sobre su vida privada, pero respondieron como si tal cosa a preguntas de la prensa al salir de un espectáculo y anunciaron el divorcio sin precisar la fecha en la que se había pronunciado.

Esa declaración, sin precedentes y evidentemente organizada, había sido precedida empero en abril de 2008 por la detención de un periodista del Moskovski Korrespondent, que había evocado un posible segundo matrimonio de Putin con la gimnasta Alina Kabayeva.

En Italia, el expresidente del Consejo Silvio Berlusconi tachó siempre de “ataques indignos” las revelaciones de la prensa sobre los escándalos de sus relaciones con call-girls, entre ella una menor de edad. Pero el Cavaliere optó siempre por la provocación en vez la justificación: “Más vale tener la pasión de las mujeres que ser gay”, llegó a decir.

En Francia, el presidente Nicolas Sarkozy (2007-2012) también se divorció, de Cecilia Ciganer Albéniz, estando ya en funciones. El anuncio llegó en octubre de 2007 en un lacónico comunicado, que precisaba que era por “por consentimiento mutuo”. Pocos meses después, Sarkozy autorizaba ser fotografiado con su nueva compañera, la cantante y exmodelo Carla Bruni y en enero de 2008, desconcertó al revelar, en plena conferencia de prensa: “Con Carla, es (algo) serio”. La boda se celebró poco después.

También en Argentina, la vida conyugal de un jefe de Estado hizo correr en su momento ríos de tinta. El presidente Carlos Menem y su esposa Zulema Yoma se divorciaron en 1995, pero el proceso de divorcio empezó en junio de 1990 con un escándalo sonado, cuando el jefe de estado ordenó por decreto que su esposa y sus dos hijos abandonaran la residencia presidencial de Olivos.

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