16 de August de 2010 00:00

La adrenalina se percibió en el Rodeo

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Redacción Espectáculos

No había sol, pero los sombreros eran una prenda común entre el público. Sus atuendos estaban complementados con jeans, botas y correas con anchas hebillas.

La noche del sábado, la plaza de toros Quito parecía el set de una película del Viejo Oeste. La música country que se escuchaba por los parlantes aumentaba esa sensación. Los jinetes, mientras tanto, apaciguaban los nervios y esperaban su turno caminando tras los burladeros de la plaza.

fakeFCKRemoveCerca de las 19:35 se dio inicio al Primer Circuito Nacional de Rodeo Ford Quito Motors, organizado por esa distribuidora de automóviles. En la velada participaron 70 jinetes de Cuenca, Riobamba y Pichincha.

Ellos probaron su habilidad para montar en el lomo de potros salvajes y toros bravos, y demostraron sus destrezas en el enlace de reces. Al grito de “Jueces”, las rejas se abrían y los agitados caballos pateaban con desesperación al aire, para deshacerse del jinete.

El tiempo mínimo que ellos debían permanecer sobre el animal era ocho segundos. Parece poco, pero había otra regla: tenían que hacerlo sosteniéndose con una sola mano, mientras la otra debía estar levantada, sin tocar al potro.

Los gritos de angustia del público femenino eran un indicador de lo bien o mal que le iba al jinete en su intento. Todos, apenas caían sobre la arena, se cubrían el rostro con las manos para no recibir ningún golpe. Otros, en cambio, molestos por no conseguir su objetivo, se retiraban del ruedo limpiándose el polvo de la ropa.

Después de ese primer set de concursantes, la banda Old House animó el entretiempo con más temas country y de rock clásico. Eduardo Naranjo, uno de los asistentes, seguía el ritmo golpeando sus palmas contra las rodillas.

Su hijo Adrián, de 9 años, lo acompañaba. Naranjo dijo que acudió al programa porque siempre lo veía por televisión y no había tenido la oportunidad de presenciarlo. Sin embargo, comentó con sentido del humor que su gusto solo llega hasta ese nivel, pues no se atrevería intentarlo.

Enseguida, seis pequeños jinetes presentaron una especie de coreografía con sus caballos, conocida como escaramuza.

Sus potros lucían calmados a diferencia de los que esperaban su turno para ser “liberados” durante la segunda ronda. Las patadas que daban contra las rejas producían un sonido seco que se expandía hasta los graderíos.

Durante la segunda intervención, Roque Ochoa y Fernando Cordero fueron algunos de los jinetes que lograron los ocho segundos establecidos.

La noche continuó con la monta de toros bravos, en la que las escenas se repetían: animales levantando sus extremidades con desesperación y jinetes aferrándose con fuerza para no caer y tener que intentarlo en otra ocasión.

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