23 de marzo de 2018 00:00

El entorno festivo del Mushuk Nina ecuatorial

El cerro Catequilla, en San Antonio, fue el eje de la celebración del Fuego Nuevo, en el inicio del año andino. Foto: Edwing Encalada/ EL COMERCIO.

El cerro Catequilla, en San Antonio, fue el eje de la celebración del Fuego Nuevo, en el inicio del año andino. Foto: Edwing Encalada/ EL COMERCIO.

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Edwing Encalada
Redactor
(F-Contenido intercultural)

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El día del Sol Recto y el inicio de un nuevo año andino es un motivo de fiesta que aún se mantiene en algunos pueblos de ancestro indígena. Según el investigador Aurelio Trujillo, estas celebraciones tuvieron gran connotación entre los Quitu Cara, una de las cuatro culturas que sobresalió en el mundo andino, junto con la Aymara, Inca y Cañari.

Los Quitu Cara desarrollaron su cultura desde lo que hoy es Pasto, en Colombia, hasta el nudo del Azuay, en el sur. Para ellos, el inicio del año era en marzo, con cierta similitud a lo que creían aztecas y mayas. Dentro de su ritualidad estaba el cerro Catequilla, de
3 630 msnm, cuya cima está atravesada por la línea Equinoccial y que, con el uso de modernos equipos GPS en la actualidad, se llega a determinar allí la latitud 0°0’0”.

Para José Luis Vallejos, del GAD de San Antonio, el cerro es muy visitado a partir de la tercera semana de marzo, debido a la concentración energética que provee el sol, en el “día que no se acaba porque no hay sombra”.

Entre los visitantes al cerro están varios chamanes, quienes llegan de diversas partes del país y quienes son los encargados de encender el Mushuk Nina o Fuego Nuevo, con el uso de plantas andinas de aromas fuertes.

Tras encender el fuego, los chamanes piden a los asistentes que acerquen las palmas de sus manos al calor, cierren sus ojos y piensen sus deseos, para luego pedirle al Mushuk Nina que les otorgue la energía del fuego y del sol para lograrlo. Luego piden que con sus manos atraigan al humo, para que la energía se transmita a todo el cuerpo.

Ritual del Mushuk Nina para absorber energía del fuego. Foto: Edwing Encalada/ EL COMERCIO.

Ritual del Mushuk Nina para absorber energía del fuego. Foto: Edwing Encalada/ EL COMERCIO.


Música interpretada con instrumentos andinos, como flautas, rondadores y tambores, son entonados mientras todos rodean al Fuego Nuevo.

Como líder de la ceremonia, el chamán abre sus piernas y pasa sobre el fuego, porque dice que todo el cuerpo debe recibir esta energía vital; tras él, todos lo siguen una y otra vez, al principio con temor al fuego y luego con mayor alegría.

Esta ritualidad finalizó con una gran pambamesa en la que hubo diversas opciones: maíz, fréjol, chochos, habas, queso, pollo horneado, chicha, etc., donde se comparte la comida con los presentes.

En Cochasquí, en el cantón Pedro Moncayo, en cambio, el Mushuk Nina se desarrolló el domingo en su parque arqueológico, con curas y limpias energéticas para iniciar el nuevo año con optimismo.

“No hay que ver las raíces ancestrales como un folclorismo, sino como algo cultural que nos permitirá ver la cosmovisión de los pueblos de aquellos años”, explica Ramiro Pérez, vocal de la Junta Parroquial de San Antonio.

“Existe una leyenda que dice que Catequilla fue reservado para la cultura Cochasquí, quienes anualmente por el mes de marzo llegaban allí para la fiesta de iniciación, que consistía en llevar a las doncellas que por primera vez iban a menstruar”, explica Aurelio Trujillo, quien añade que los pucarás que existen en San Antonio de Pichincha forman una triangulación perfecta que debería estudiarse más a fondo.

“El valle de Lulumbamba tiene mucha historia por redescubrir. Si trazamos una línea recta entre los pucarás de Trigoloma, La Marca y Rumicucho se forma un triángulo rectángulo exacto”, señala.

Para él, incluso, se debe plantear un estudio de por qué Rumicucho se encuentra alineado con el monasterio de San Juan en Quito, donde los relatos de Federico González Suárez mencionan que ese lugar fue usado por los pueblos nativos para adorar a la luna.

Otros estudios realizados por el investigador Cristóbal Cobo determinaron, además, que Catequilla y las pirámides preincaicas de Cochasquí se encuentran alineadas en un ángulo que coincide con la salida del sol durante el solsticio de junio.

Para Álex Troya, presidente del GAD de San Antonio de Pichincha, la comunidad parroquial quiere cambiar su eje productivo hacia el turismo, para repotenciar el valor histórico que posee su territorio. “Se invirtieron USD 37 000 de recursos propios del GAD para adecuar 7 km de vía para acceder a la cima del Catequilla. La comunidad ayudó con material pétreo. A futuro se arborizará a los costados de la vía, para darle mayor seguridad”.

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