16 de noviembre de 2014 16:03

Elena Poniatowska: 'México se está convirtiendo en un infierno'

La escritora y periodista Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, habló sobre el periodismo y la situación de México. Foto: EFE

La escritora y periodista Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, habló sobre el periodismo y la situación de México. Foto: EFE

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Agencia EFE

A los 82 años, Elena Poniatowska mantiene intacta su capacidad de protesta y confiesa que le debe todo al periodismo. Habla de su país, México, convertido en un "infierno", del oficio de escribir, los escritores y amigos.

Un testimonio que refleja las más íntimas convicciones de una mujer íntegra. Este año Poniatowska es la invitada principal del programa de autores iberoamericanos de la Feria Internacional de Libro de Miami, que se inaugura hoy (16 de noviembre de 2014) con la velada 'Una noche con Poniatowska', donde la Premio Cervantes 2013 hablará de sus experiencias vitales, literarias y periodísticas.

A pesar de su resistencia, Poniatowska (París, 1932) ha devenido en un auténtico mito viviente para muchos lectores y admiradores de su lucha desde joven contra un capitalismo sin trabas, el abuso de poder, la injusticia y la desigualdad social.

Por algo, de haber podido encarnarse en un personaje de la historia, le hubiera gustado hacerlo, asegura, en la figura de Juana de Arco.

Su hondo sentido del respeto a la verdad y honradez intelectual le han granjeado no pocos ataques por parte tanto de la izquierda como de la derecha, aunque ella sea una mujer de ideas progresistas que se define como una 'Sancho Panza femenina', siempre defensora de los pobres y perdedores de América Latina.

Esta cronista impulsiva de estilo directo, hija de madre mexicana y padre aristócrata francés, recibió hasta los diez años en París una educación esmerada, rigurosa, una formación de la que guarda un recuerdo entrañable.

"Era una escuela (en su infancia en París) donde dominaba la seriedad del estudio, la urbanidad, hasta el punto que se cuidaba mucho no hacer manchas en el cuaderno de ejercicios", evoca hoy amablemente en una entrevista con Efe.

Pero fue su abuelo francés, autor de dos obras, y a quien contemplaba a diario en su despacho leyendo y escribiendo, quien despertó en ella el gusto por los libros y la literatura, por esa atmósfera "que giraba en torno a los numerosos volúmenes" ordenados en su biblioteca.

A los diez años emprende con su madre, María de los Dolores (Paula) Amor, y hermana, Sofía, un viaje a México y se instalan en la capital, adonde llegará poco después su padre, el aristócrata Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski.

Su rebeldía la lleva, en vez de a casarse con un príncipe (lo natural dada la clase social a la que pertenecía), a tomar la decisión de dedicarse al periodismo, profesión que comienza a ejercer con verdadero fervor en 1953 entrevistando a personajes famosos para varios periódicos.

¿Qué ha significado el periodismo para usted?

Al periodismo le debo todo, porque fue mi escuela desde muy joven. Comencé a hacer entrevistas y fui aprendiendo todo. Tuve el privilegio de entrevistar a gente muy valiosa como Alfonso Reyes, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Luis Buñuel... Ellos fueron mis maestros y con ellos entablé una relación que siguió después de las entrevistas.

¿Encuentra que el periodismos que se practica hoy en día es más complaciente con el poder?

No en México. La prueba es que es el país donde más periodistas han muerto por denunciar las cosas terribles que suceden en este mismo momento. Pero el periodista en América Latina está obligado a tener capacidad de protesta y de indignación. La voz de Poniatowska se vela de rabia al tocar la realidad de la impunidad del poder y la barbarie desatada en México por la violencia criminal, especialmente en el caso de los 43 estudiantes asesinados por miembros del grupo Guerreros Unidos, después de ser detenidos por policías corruptos y entregados al crimen organizado. "Todo el mundo piensa que México se está convirtiendo en un infierno, que la mayoría de la gente no tiene recursos", subraya con amargura.

La injusticia y la desilusión son algunos de los problemas esenciales de su obra. ¿Hasta qué punto son una obsesión para usted? 

Han sido parte de mi vida diaria. Apenas salgo ahora a la calle, pero está a la vista de todos: la injusticia, la desigualdad social, el precipicio entre una clase social y otra.

¿Y la masacre de estos estudiantes desaparecidos que quemaron con la ropa puesta y los enterraron?

La injusticia social durante tantos años en México culmina en actos como este que acaba de suceder con los 43 jóvenes normalistas desaparecidos.

¿Qué es lo que más le enoja? 

Me enoja las muertes injustas, la desigualdad social, el que los políticos de mi país le pongan a uno en vergüenza. Soy una escritora honesta que ha sido tragada por una realidad terrible, la de mi país.

Octavio Paz, Carlos Fuentes, Jorge Volpi... ¿Con cuál se queda?

Me quedo con Octavio Paz, pero tengo muchísimo cariño por Jorge Volpi, porque su novela 'En busca de Klingsor' (1999) es magnífica y fue uno de los primeros que escribió sobre la matanza estudiantil de Tlatelolco, en 1968. ¡Y qué voy a decir de Carlos Fuente!. Fue mi amigo y empezamos juntos.

¿Cuáles son los libros que han marcado su vida?

El primer libro que me marcó fue el de una escritora catalana, Mercé Rodoreda, que se titulaba 'La plaza del diamante', sobre la Guerra Civil española, pero en la que no aparece ningún balazo ni bombardeo. Y, en cuanto a escritores, pues Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges. Los grandes escritores de Latinoamérica.

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