24 de mayo de 2017 00:00

El sistema público de educación se apuntaló durante el gobierno de Correa

En el Réplica Mejía, abierto en el 2014, hay  1 124 estudiantes en la mañana, y 1 100 en la tarde.

En el Réplica Mejía, abierto en el 2014, hay 1 124 estudiantes en la mañana, y 1 100 en la tarde. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Mariela Rosero
Coordinadora (I)

Si fuera un estudiante, se podría decir que Ecuador cambió la escuela privada, de menos de USD 80, por la pública. Que pasó la primaria y cursa ya la secundaria. Su hermano menor, un preescolar, asiste a la misma unidad, que ya ofrece desde educación inicial hasta bachillerato, en doble jornada.

Así se podría graficar lo ocurrido en estos 10 años, como resultado de lo que llaman una de las revoluciones: la educativa.

Entre el 2006 y el 2016, la tasa de asistencia a la Educación General Básica subió cinco puntos porcentuales. Llegó al 96,23%. Y la tasa de asistencia al bachillerato alcanzó el 72,2%, aumentó 22 puntos.

¿Cómo? Hubo acciones, para reducir ‘barreras de acceso’ como eliminación de USD 25 de contribución voluntaria de los padres, para profesores de inglés o música. Se han distribuido textos, uniformes y alimentación escolar. Y más que nada se ha ampliado la oferta, con nuevas construcciones.

Un ejemplo son las unidades educativas del milenio, consideradas ‘elefantes blancos’, pues varias hasta tenían ascensores. También la Conaie ha criticado que escuelas comunitarias se hayan cerrado para fusionarse en ellas; han rechazado que, a su juicio, su sistema de educación intercultural haya sido debilitado.

Pero la infraestructura era necesaria. El último colegio, inaugurado en Quito, antes del gobierno que se va, fue el Consejo Provincial de Pichincha, hace 35 años. Como contraste, en esta década, se han levantado 81 unidades educativas del milenio, 153 siglo XXI, 16 repotenciaciones... Son más de 270.

Todo para responder a un fenómeno, en el ciclo 2013-2014. En el sur de Quito, en Guamaní y Quitumbe, y en el norte, en Calderón, decenas de planteles privados desaparecieron.

En el 2014, en el país 3 530 centros particulares de 8 050 cerraron. Y 831 de 1 655, en Quito. En esta urbe, en el período 2014- 2015, 18 de esas infraestructuras fueron arrendadas por la Subsecretaría de Educación, para cubrir el déficit.

Un porcentaje de la matrícula particular y fiscomisional fue a lo fiscal. Más de 55 000 de 213 213 alumnos en la Sierra y sobre los 100 000 de 325 000, en la Costa, dejaron lo pagado para ir a lo público, en esos años.

Las solicitudes de traslados de ese sector a lo estatal se mantienen sobre el 20% del total de inscritos hasta este 2017. El alumno buscó cupos en nuevos planteles estatales como el Réplica Mejía, de Quito. Este y el resto funcionan con la lógica de unidad (de inicial 1 al bachillerato). Las clases son matutinas y vespertinas.

Edwin Beltrán, director distrital en Quitumbe, dice que hace tres años tenían 190 unidades privadas, hoy son 115. La zonificación, que obliga a estudiar en cada barrio -anota- disparó la demanda por sectores.

Pero hay más hechos. Desde octubre del 2009, no se paralizan las clases. La UNE fue disuelta en agosto del 2016 y la Red de Maestros, gremio cercano al régimen, ha surgido.

Sobre la calidad educativa aún resta por hacer: se ha invertido en capacitación de maestros, ellos concursan por las partidas; se instauró un sistema de evaluación y este año el país participará en PISA.

Si Ecuador fuera un estudiante secundario buscaría un curso de nivelación. Se prepararía para el Ser Bachiller, en el último año, para acceder a un cupo en la universidad pública o a becas internacionales.

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