16 de julio de 2016 00:00

Una edificación contemporánea y sustentable

Helechos, clavelinas chinas, hiedras y malas madre son las especies del jardín vertical que resalta en el edificio (izquierda).

Helechos, clavelinas chinas, hiedras y malas madre son las especies del jardín vertical que resalta en el edificio. Foto: Patricio Terán/EL COMERCIO

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Redacción Construir (I)
construir@elcomercio.com

Las zonas verdes son un foco de atención en la construcción de las edificaciones actuales. Y no solo los jardines tradicionales se imponen. Un jardín vertical, principal atractivo de la nueva sede de Seguros Alianza, es un ejemplo de ello.

En 8 500 m², Torre Alianza alberga las oficinas de tres empresas: Seguros Alianza, Corporación Valarezo Noboa y la Casa de Valores Orión. Además, cuenta con una terraza ajardinada y un auditorio.

El edificio es parte de la Plaza Corporativa Torres del Castillo, que incluye una segunda torre de oficinas en la parte posterior, varios restaurantes y un hotel, que actualmente está en construcción.

Torre Alianza está junto a la conocida Casa Castillo, de estilo medieval, en la av. 12 de Octubre. Luis Valarezo, presidente de la Corporación Valarezo Noboa, inmobiliaria que estuvo a cargo de la construcción, dice que se trata de un edificio de estilo moderno y con fachadas contemporáneas.

Una mampara de vidrio transparente de 5 pisos de altura da cabida al ‘lobby’, diseñado por Adriana Hoyos. Esta mampara -comenta Valarezo- a más de ser una suerte de invernadero para el jardín vertical, que ocupa gran parte de la fachada del edificio, también permite que se visualice el Castillo Larrea, “bien inventariado dentro del patrimonio cultural de la ciudad”, el cual se integra al proyecto por medio de amplias plazoletas iluminadas, que son de acceso público.

Como una constante en la arquitectura moderna, en la torre destaca el espacio verde de 200 m² a lo largo de la fachada. Entre otras especies, este jardín acoge helechos, clavelinas chinas, hiedras, malas madres.

El jardín vertical se impone tanto en el exterior, al movilizarse por la avenida de alto tránsito, como en el interior del edificio, al ingreso.

Valarezo acota que con este detalle se “aporta con una importante cantidad de oxígeno al ambiente, lo que mejora la calidad de vida de los ciudadanos, además de que sugiere serenidad al entorno".

El proyecto constituye una muestra de que la arquitectura moderna puede convivir con el bien patrimonial, asegura el constructor.

“Es un símbolo de la unión de los tiempos en el arte y la cultura y un ejemplo de cómo se pueden mejorar de manera inteligente muchos de los predios que actualmente están abandonados y corren el peligro de quedar en ruinas”.
Para levantar este proyecto se pensó en la contribución que este pueda dar al entorno urbano de la capital.

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