2 de agosto de 2016 17:21

Río de Janeiro, cuna de edificaciones emblemáticas

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Yadira Trujillo

A las puertas de los Juegos Olímpicos de Río 2016, cuya inauguración será este viernes 5 de agosto, cabe tener en cuenta que esta ciudad brasileña acoge varias edificaciones, históricas y modernas, que destacan en el ámbito de la arquitectura.

En el portal web Imagina Río de Janeiro se destaca el hecho de que en la ciudad se levanten las principales dependencias de gobierno y cultura del país, lo que la hace cuna de la más notable expresión arquitectónica.

Que la mayoría de los monumentos más importantes de Río se levantaron durante el siglo XIX se anota en el sitio. El Convento de Santo Antonio y la Catedral Metropolitana destacan entre las obras de índole religioso; el Palacio Imperial y el Palacio Catete entre los no religiosos.

El convento de Santo Antonio

Foto: imaginariodejaneiro.com

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Este, junto con la Iglesia de Santo Antonio y la Iglesia de San Francisco de la Penitencia han sufrido cambios y ampliaciones con el paso de los años, refiere el sitio web, pero siguen siendo una de las mejores muestras de la arquitectura luso-brasileña, típica de la época colonial.

La Catedral de Río de Janeiro

Foto: imaginariodejaneiro.com

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Por fuera sorprende por su forma piramidal y por dentro, sus impresionantes vitrales producen un efecto de luz imponente. Imagina Río de Janeiro destaca a esta como el monumento más destacado del centro de Río.

El Palacio Imperial

Foto: imaginariodejaneiro.com

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En la actualidad alberga el Centro Cultural Palacio Imperial, un espacio abierto donde se realizan exposiciones de arte, obras de teatro, cine y conciertos.

En él también se encuentra la Biblioteca Paulo Santos, con 6 000 volúmenes de libros especializados en arte y arquitectura brasileña y portuguesa.

El Palacio Catete

Foto: imaginariodejaneiro.com

Foto: imaginariodejaneiro.com

Es un edificio de estilo neoclásico, cuya fachada disimula el lujo de sus interiores, decorados al estilo de los palacios europeos.

Pero varias construcciones modernas también merecen estar en la lista de edificaciones monumentales de la ciudad, por ser parte de “la identidad carioca”. Destacan la Confitería Colombo, “una muestra de los mayores años de esplendor de la urbe”; el Estadio Maracaná, “porque no se puede entender Río de Janeiro sin entender su amor por el fútbol” y la Escalera de Selarón, “una obra de arte moderna que encarna el espíritu de un pueblo”.

La Confitería Colombo

Foto: imaginariodejaneiro.com

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Es la más destacada cafetería restaurante del centro de la ciudad, considerada una de las más bonitas del mundo.

Los salones están decorados con grandes espejos belgas, con marcos de madera de jacarandá finamente tallada. Las vitrinas, las mesas y barras son de mármol italiano y combinan con las sillas y otros muebles antiguos. Sobre el salón de té hay una enorme claraboya con vitrales pintados. La arquitectura y decoración del lugar, con más de un siglo de vida, le ha dado el título de Patrimonio Histórico y Artístico del Estado de Río de Janeiro.

El Maracaná

Foto: imaginariodejaneiro.com

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Conocido internacionalmente como el Templo del Fútbol, durante años fue el más grande del mundo.

En la actualidad alberga hasta 78 838 visitantes. Sus instalaciones son mucho más cómodas y modernas. El complejo deportivo del estadio incluye otras instalaciones como un parque acuático con piscinas olímpicas, pistas de atletismo y un estadio más pequeño y cubierto, donde se juegan partidos de vóley, baloncesto y fútbol sala.

La Escalera de Selarón

Foto: imaginariodejaneiro.com

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La creó el chileno Jorge Selarón, quien quiso rendir homenaje a la ciudad en la que se instaló en 1983 revistiendo de azulejos la escalera que sube desde Lapa hasta el Convento de Santa Teresa.

Inicialmente utilizó los colores de la bandera de Brasil: verde, amarillo y azul, pero cuando su proyecto estaba casi concluido encontró una tienda con azulejos antiguos de todo el mundo, así que su obra tomó un nuevo impulso y se convirtió en una “obra viva y mutante”, como la llamaba el mismo Selarón, ya que cambiaba permanentemente los azulejos, creando siempre algo nuevo.

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