16 de julio de 2014 11:29

Una edificación relacionada desde siempre a la medicina

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Redacción Cuenca

Las habitaciones que sirvieron como dormitorios para las hermanas de la Caridad y para recibir a los pacientes del Hospital San Vicente de Paúl, en la actualidad, son las salas del Museo de la Medicina Guillermo Aguilar Maldonado, de la capital azuaya.

La edificación, ubicada frente al río Tomebamba, data finales de 1872. Ese mismo año empezó a funcionar allí el Hospital de la ciudad. En 1920, las religiosas construyeron una capilla, que actualmente también sirve como espacio para exposiciones o auditorio para charlas y otros eventos.

Esta casona amplia de dos plantas, con dos pabellones: el de las Monjas y el de Pedro Jáner, durante 105 años funcionó como hospital. En 1977 cerró sus puertas por el estado de deterioro en que se encontraba.

Sus pisos de madera, paredes de adobe y bahareque, jardines, techos y puertas estaban destruidos, por lo que la Sociedad Ecuatoriana de la Historia de la Medicina gestionó ante el Ministerio de Salud su restauración.

Ese proceso empezó en 1982; un año después empezó a funcionar como Museo de la Medicina, contando la historia de esta actividad en la ciudad. Allí, se conservan una suerte de cilindros, que eran los primeros autoclaves utilizados para esterilizar los equipos; funcionaban con leña o carbón.

Cecilia Castro es la encargada del museo desde 1995. Ella ha organizado las salas por temas: cirugía, pediatría, cardiología, ginecología, entre otras.

Familias como Quintanilla, Merchán, Ambrosí, entre otras, han donado desde sus escritorios, teléfonos, máquinas de escribir hasta equipos más sofisticados de trabajo para recrear el Museo de la Medicina. Por eso en este espacio se pueden ver los primeros equipos de rayos X que llegaron a la capital azuaya y antiguas camas ginecológicas para el alumbramiento.

En la sala de odontología existe una variedad de instrumentos que da cuenta del avance de la ciencia. Entre las salas más especiales está la que recrea la botica de los hermanos Tenorio. La familia de estos médicos se encargó de donar cada compuesto y fórmula, que se remontan a los años 30 del siglo XX.

Castro actualmente se encuentra empeñada en recuperar el jardín botánico de las religiosas, que tenía una serie de plantas medicinales. Ahora ella, en medio de los árboles de nogal está cultivando plantas de toronjil, manzanilla, entre otras.

Los horarios de visitas son de lunes a viernes de 09:00 a 13:00 y de 14:00 a 17:00. La entrada general cuesta USD 1 y 50 centavos de dólar para estudiantes.

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