25 de noviembre de 2016 13:01

Ecuatorianas hablan sobre el acoso sexual callejero en el mundo

El acoso sexual callejero es una problemática constante en las ciudades del Ecuador. ¿Cómo la viven mujeres que se encuentran en otros países?. Foto: Archivo.

El acoso sexual callejero es una problemática constante en las ciudades del Ecuador. ¿Cómo la viven mujeres que se encuentran en otros países?. Foto: Archivo.

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Carla Sandoval
Redactora (I)

El acoso sexual callejero es una problemática que afecta la cotidianidad de las mujeres a nivel mundial. En Quito, según cifras del Municipio recogidas por la agencia EFE, un 68% de mujeres ha sido víctima de este tipo de violencia de género que se ha naturalizado en la sociedad.

Este 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, instaurado por Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1999 con el fin de “sensibilizar a la opinión pública respecto al problema de la violencia” de género, una problemática social que tiene distintas manifestaciones que van desde formas invisibles y sutiles como el humor o el lenguaje sexista, hasta formas visibles como son el femicidio, según Amnistía Internacional.

EL COMERCIO, consultó con mujeres ecuatorianas que residen o han vivido en otros países cómo es la situación del acoso callejero. Desde Argentina, donde una mujer es asesinada cada 30 horas, Gabriela Larrea contó que ha sido víctima desde que se mudó hace un poco menos de un año. “Cuando caminas por calles menos transitadas el acoso es terrible. Aquí son groseros, te gritan frases como: ‘Qué ganas de comerte la c….’ o ‘la p.. que lo parió, con ese o… te la meto toda’, por ponerte ejemplos”.

Acoso Callejero - QUITO
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Daniela Salinas se mudó a Chile hace dos años y cuenta que si bien en Santiago hay acoso callejero “marca una diferencia que las mujeres nos posicionamos ante eso”. En los veranos, las temperaturas en la capital del país bordean los 30 grados centígrados, “el calor es insoportable, el ponerse ropa ligera no es una opción, sino una necesidad, e igual te dicen cosas, pero creo que aquí las mujeres han tomado una posición más crítica”, asegura.

Holly Kearl,
fundadora de la organización estadounidense Stop Street Harassment (Detén el acoso callejero), dijo al Washington Post que existe “mucha desinformación y malentendidos sobre lo que realmente es el acoso sexual callejero”. Según ella, al pensar en esta problemática se imagina comunmente a una mujer en falda caminando por un lugar de construcción, “pero es mucho más que eso. Realmente tiene un impacto negativo en la vida de las personas acosadas”.

Es, asimismo, una problemática que no sabe de fronteras. Nicole Bedoya vivió en Heidelberg (Alemania) hasta hace un mes. En esa ciudad fue víctima de acoso en varias ocasiones, pero hay una en específico que quedó grabada en su memoria. Estaba de camino a visitar a su novio y escuchó que la llamaban, cuando regresó a ver se dio cuenta que era un hombre que tenía entre 35 y 40 años que estaba en un carro. “Me empezó a saludar, a mandar besos y me preguntó si necesito que me lleve a algún lugar”, recuerda.

Ella intentó ignorarlo, pero el hombre la interceptó con su vehículo cuando estaba a punto de cruzar la calle. “Se bajó y me empezó a sonreír y ver de una manera que realmente solo quería salir corriendo de ahí. Al no hacerle caso me empezó a insultar”. Fue entonces cuando un morador del sector salió y le preguntó si estaba bien, el hombre se subió en su vehículo y se marchó.

Las consecuencias del acoso sexual callejero, según la antropóloga María Amelia Viteri, son baja autoestima y un sentimiento de inseguridad constante. Eso es algo que Saskya Chacón, quien reside actualmente en Madrid, se llevó desde Quito, pues nunca anda desprevenida en las calles, pese a que sí ha sido violentada de esa manera en las calles se siente más tranquila en la capital española. 

Alejandra Salas, por su parte, lleva estudiando cuatro meses en la misma ciudad. “Como mujer nunca me he sentido tan segura en mi vida”, cuenta esta quiteña. “Puedo tomar el transporte público a la hora que sea, eso incluye el metro abarrotado de personas y nunca, hasta ahora, he vivido ni he sido testigo de acoso sexual”, afirma.

Según Viteri, el acoso callejero no existe en sociedades donde las relaciones de poder son más equitativas. Para la experta, esta problemática “es una manifestación más de una sociedad patriarcal, heteronormada, desigual y jerárquica”.

Es por ese motivo que en una ciudad como Estocolmo (Suecia) esta problemática no se evidencia en las calles. Belén Sarzosa vive allí y afirma que tiene “mucha suerte”, pues allí conviven personas de diversas culturas, religiones y preferencias sexuales y prima el respeto. “La situación en las calles es muy buena, uno puede sentirse cómodo caminando a la hora que sea”. Incluso en el verano, cuando el calor hace que las mujeres vistan ropa ligera y sin ropa interior, no son víctimas de piropos no deseados”.

Con esto coinciden Macarena Roggiero quien vive actualmente en Tillburg (Holanda), e Ilaria Ráído quien vivió en Roma (Italia). Para Roggiero, “en la esfera pública en los países europeos, si un hombre agrede física, verbal o sexualmente, la sociedad lo rechaza y condena estas actitudes”. Ella reconoce que si bien en la esfera privada es más difícil saber realmente qué sucede, “hay más instancias en la empresa o estatales que en Ecuador que promueven la denuncia contra la violencia de género”.

Por su parte, cuando Ilaria visita Italia se mueve únicamente en transporte público. “Nunca he tenido una experiencia de acoso callejero. Ni siquiera recuerdo haber recibido una mirada acosadora”, cuenta. Esto cambia cuando está en Ecuador, aquí no va a pie casi a ningún lado que no sea de su casa a su universidad, un trayecto de 10 minutos durante el cual los carros le pitan y los piropos no deseados sobran. “Recibo comentarios por lo menos unas dos o tres veces a la semana”, afirma.

Y aunque en los países europeos la situación parece ser mejor, también se presentan malas experiencias. Sarzosa recuerda que una vez en Estocolmo fue a un bar latino. 

“Cuando llegamos los hombres eran muy irrespetuosos. Yo estaba bailando con mi esposo y aún así se acercaban a tratar de sacarme a bailar con ello y aunque les decía ‘no gracias’ me decían ‘¿no quieres un rato de diversión? No importa que tu esposo esté aquí. Eso me sorprendió mucho, porque en Ecuador no hay tanto eso”, explica.

En Argentina, Larrea también ha vivido malas experiencias en las discotecas, para ella, esas han representado los peores acosos. “Estás bailando o parada, te jalan el brazo con mucha fuerza y se te lanzan con la intención de besarte”. También le pasó que un hombre la tomó la mano y se la llevó a su órgano genital diciéndole “mira cómo me tienes”. Para ella, el problema es que la violencia está tan naturalizada en el país que la gente únicamente se altera con casos como el de Lucía Pérez, la joven que fue drogada, violada, empalada y asesinada en Mar del Plata.

Todos los seres humanos tienen derecho a una vida sin violencia. Sin embargo, a nivel mundial, las mujeres son maltratadas, violadas, mutiladas y asesinadas con tasas de impunidad muy altas. Según dijo Luiza Caravalho, directora regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe el pasado 25 de octubre de 2016, el drama de la región cuando se habla de violencia contra la mujer es la impunidad.

El acoso callejero se sustenta en desigualdades históricas entre hombres y mujeres y no es algo que se pueda eliminar de un día para otro. Viteri sostiene que “son cambios de largo plazo que hay que continuar fortaleciendo para que los niños de hoy no sean los acosadores de mañana”.

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