10 de mayo de 2015 20:04

Un cuarto de siglo sin salas de cine en Esmeraldas

Las pearsonas compran las películas en los locales de la ciudad para verlas en sus casas ante la falta de salas de cine en la ciudad. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Las pearsonas compran las películas en los locales de la ciudad para verlas en sus casas ante la falta de salas de cine en la ciudad. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla

La ciudad de Esmeraldas no tiene salas de cine desde hace aproximadamente 25 años. El último en funcionar fue el Central, y estaba ubicado en la calle Simón Bolívar y Piedrahita, en el centro de la urbe.

Hasta hace cinco años, las butacas permanecían en el sitio y el telón de color blanco en el que se proyectaban las imágenes había cambiado a gris por la cantidad de polvo. En varias paredes se leían frases de amor escritas por quienes acudían tiempo atrás a disfrutar de los filmes.

Actualmente, en el Central funciona un garaje y antes una tienda de su anterior dueño, el extinto exprefecto de Esmeraldas, Homero López.

Esmeraldas contó tiempo atrás con salas como el Bolívar, Madrid, Francis, Variedades, Esmeraldas y el Central, que proyectaban películas.

Tras su cierre, las estructuras fueron utilizadas como salas de bingos y casinos. Hoy están ocupadas por cadenas de almacenes dedicados a la venta de electrodomésticos y ropa china.

La falta de estos espacios que fomentaban la distracción de la gente ha motivado a los amantes del séptimo arte a viajar los fines de semana a Santo Domingo de los Tsáchilas, para ver una película de estreno, solos o en familia.

Xavier Cortez, amante del cine, aprovecha sus viajes de negocios para ver una película en Santo Domingo, Quito y Guayaquil durante su estadía, y ponerse al corriente con los nuevos estrenos de Hollywood.

La provincia Tsáchila, por estar a solo tres horas de Esmeraldas, es la que más esmeraldeños eligen para visitar y hacer tours por los centros comerciales en busca de un ambiente distinto al de su ciudad.

Pero quienes tienen otras posibilidades económicas han montado en sus casas pequeñas sala de cine, como Mario Gutiérrez, quien invita a sus amigos a ver películas mientras comen canguil y disfruta de una gaseosa.

La pequeña sala en su domicilio tiene una capacidad para 15 personas. Cuenta con asientos, un telón eléctrico, parlantes de alta fidelidad y un proyector de alta resolución con sistemas Blu-ray.

La mayoría de los esmeraldeños, para satisfacer los deseos de ver una película, usan el DVD y compran los discos en uno de los 10 sitios que están en la ciudad o los comerciantes ambulantes.
Gualberto Bermúez vendía canguil y jugos en los alrededores del cine Bolívar y ahora añora esos tiempos en los que las familias acudían a ver una película los fines de semana. “El bulevar de la Bolívar era lleno y las parejas salían a caminar y observar las pancartas en las que se promocionaban las más cintas más recientes”, señala.

En los años 80, las escuelas organizaban actos con los niños para llevarlos a disfrutar las películas y para que conocieran estas salas. Fue en el cine Bolívar en donde Lorena Montaño se enamoró del que ahora es su esposo, Juan Caicedo, mientras veían la película titulada ‘La de la mochila azul’ (1979), protagonizada por Pedrito Fernández. Una fotografía en blanco y negó colgada en la pared de su casa, ubicada en el barrio El Palmar, evoca aquellos momentos.

La caída del negocio del cine en Esmeraldas se dio a partir de la aparición del betamax, opina Pastor Cabezas, un ciudadano esmeraldeño que dejó de asistir al cine cuando compró su equipo para ver película en casa.

“Ese fue el acabose del negocio del teatro, puesto que los dueños no quisieron invertir en las nuevas tecnologías para mantenerse”, opina Junior Valverde, exadministrador del cine Central.

En los últimos 10 años se ha anunciado la construcción de salas de cine en dos proyectos de centros comerciales de la ciudad de Esmeraldas, pero nada de eso se concretó finalmente.
Uno de los últimos fue el que funcionaría en la segunda fase de la terminal terrestre de Esmeraldas, pero el proyecto sigue pendiente.

Aunque no se conoce de la existencia de un estudio que determine si la ciudad es una buena plaza para invertir en un negocio como este, Mario Gutiérrez, empresario de la localidad, cree que sería bueno que se haga, porque los esmeraldeños son aficionados al cine.

Mientras eso ocurra, las personas como Xavier Guerrero y muchos esmeraldeños más que gustan de las películas en pantalla grande deberán acudir a otras provincias del país para observar verlas con la familia o entre amigos.

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