18 de septiembre de 2016 00:00

En el Ecuador existen cinco bosques 'vacíos'

Un waorani lleva un pecarí muerto en su espalda. Se estima que las comunidades indígenas utilizan un radio de 10 km para cacería de subsistencia. Foto: Paul Rivas / EL COMERCIO

Un waorani lleva un pecarí muerto en su espalda. Se estima que las comunidades indígenas utilizan un radio de 10 km para cacería de subsistencia. Foto: Paul Rivas / EL COMERCIO

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Valeria Sorgato

Los científicos llaman ‘bosques vacíos’ a aquellos hábitats silenciados por la cacería furtiva y el comercio de carne silvestre. Se consideran como ‘zonas muertas’, donde pájaros, monos, jaguares y otros mamíferos han desaparecido.

Son lugares despojados por las comunidades que luchan para alimentar a sus familias. Existen en países como, Panamá, México, Congo, Brasil e, incluso, en Ecuador. 

Los expertos han sido testigos de un efecto cascada que extermina con la fauna más grande. “Es como observar la sombra de una nube que se arrastra por el bosque. Por donde pasa deja una ausencia invisible y perpetua”, describe Steve Boyes, biólogo de National Geographic.

En Ecuador, dos investigaciones evidencian este fenómeno en bosques del occidente del país y en el Yasuní. Aparentemente, son ecosistemas sanos: hay árboles grandes, flores, se escucha la bulla de insectos y el canto de algún pájaro. Sin embargo, son zonas degradadas, donde los grandes mamíferos han desaparecido y los animales más pequeños se extinguirán en un futuro.

Esta es la escena que se observa a lo largo de los 140 km de la carretera Maxus y en los alrededores de la vía Auca, en el Yasuní (Orellana). Esteban Suárez, biólogo de la Universidad San Francisco de Quito, estudió desde el 2005 los efectos de estas dos vías petroleras sobre la biodiversidad. En las zonas cercanas a las carreteras, la densidad de animales fue 80% menor a la que encontraron en un área sin presencia humana.

La vía Auca se construyó en 1972, para acceder a pozos petroleros en el oeste del Parque Nacional Yasuní. Desencadenó asentamientos de colonos a lo largo de la carretera. Esto resultó en la pérdida del 40% del bosque en las cercanías de la vía, entre 1970 y 1990. La carretera Maxus, por su lado, se cimentó en 1992, para explotar petróleo en el centro de la Reserva de Biósfera del Yasuní.

Desde entonces, el acceso a carne de monte está a la mano. Suárez registró un promedio de 13 000 kg de carne silvestre que se vendieron anualmente en el mercado de Pompeya, hasta el 2011.

Si bien en los últimos años ha habido más control, el tráfico de carne silvestre no cesa. Galo Zapata, director científico de la Fundación Wildlife Conservation Society Ecuador, comparó la abundancia de animales entre el 2005 y el 2015 a lo largo de la vía Maxus. El año pasado hubo tres veces menos pavas que hace una década. En el caso de los primates grandes (chorongos y monos araña), su población se redujo cinco veces. Mientras que la presencia de ungulados grandes (pecaríes, venados y tapires) es cuatro veces menor que lo registrado en el 2005.

Solo con la cacería de subsistencia (que es legal en Ecuador), los bosques se vaciarían. “No puedes tener cacería sustentable si tienes a más de una persona por kilómetro cuadrado que alimentar”, afirmó Suárez. En el 2010 había seis personas por km² en la provincia de Orellana, según el INEC.

En el caso de los bosques del occidente, Zapata analizó la presencia de jaguares y pecaríes de labio blanco en cuatro remanentes aislados de vegetación nativa. Durante la investigación, realizada en el 2013, no encontraron a estos y otros animales en tres reservas.

Los bosques del Ecuador occidental son una de las áreas más amenazadas del planeta. Para finales del siglo XX, la superficie de vegetación nativa se redujo en más de un 90% por la deforestación. Ahora, quedan fragmentos de bosque, la mayoría menores a 500 km². El aislamiento termina por extinguir a los animales.

Los expertos opinan que es cuestión de décadas para que el bosque cambie y se convierta en un paisaje homogéneo. Estudios +demuestran que la densidad de semillas y plántulas se reduce en un 80%.

Cuando ciertas especies de plantas se extinguen, desaparecen invertebrados y otros animales que dependen de ellas. En otros casos, la abundancia de especies como de roedores, iguanas y hormigas se incrementan de 10 a 100 veces más por la falta de depre­dadores o competidores.

“Al defaunar un sitio estamos eliminando el principal factor de cambio y dinámica que existen en los bosques”, explicó Suárez. Cuando estos animales desaparecen, surge el efecto cascada que elimina la biodiversidad del bosque. La escena final es una ‘zona muerta’, atrapada en una soledad estática.

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