27 de mayo del 2014 

Ecuador es un atractivo laboral para médicos nacionales que viven fuera

Byron Álvarez estudió oftalmología y una subespecialidad en retina y vítreo cinco años en Guatemala y ahora trabaja en el área de Oftalmología del hospital del sur de Quito, Enrique Garcés. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Byron Álvarez estudió oftalmología y una subespecialidad en retina y vítreo cinco años en Guatemala y ahora trabaja en el área de Oftalmología del hospital del sur de Quito, Enrique Garcés. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Gabriela Quiroz. Editora

El país se tornó atractivo para extranjeros y los médicos ecuatorianos que están en el exterior, en términos laborales. Con la puesta en marcha del programa Ecuador vuelvo por ti han sido contratados 868 profesionales, en los dos últimos años.

La mayoría de galenos generales y especialistas se fue durante la crisis económica de 1998-1999. Desde entonces no han regresado. Otros salieron a estudiar sus especialidades y no volvieron.

Meliton Rodríguez, de 31 años, es uno de ellos. Se fue a estudiar toda la carrera en Cuba y luego se especializó en medicina familiar. Esta especialidad es una de las más demandadas, con el fin de cerrar la brecha que existe en el nivel inicial de atención.

“Yo nací en Orellana, mi familia es de esta provincia y mi intención ha sido trabajar como médico acá. Me gustaría salir nuevamente para seguir especializándome, pero mi idea es retornar y continuar”.

Junto con Rodríguez hay otros cuatro médicos que también regresaron para trabajar en el hospital público de Orellana, en psiquiatría, cirugía, máximo facial y otro familiar. Y para toda la provincia llegaron 13.


A los especialistas que regresan les ofrecen un contrato de dos años con un salario de USD 2 641 y para subespecialistas, USD 2 960. Se suman los bonos geográfico (dos sueldos básicos) y de residencia (USD 500).

Para quienes no realizaron la rural en Ecuador, el primer año es contado como tal. Así comenzó Franklin Gonza, de 33 años, en un hospital móvil en Esmeraldas y ahora labora en el hospital Pablo Arturo Suárez, al norte de Quito, como anestesiólogo.

Hace 15 años también se fue a estudiar a Cuba medicina general; luego siguió dos años de medicina familiar y otros cuatro de anestesiología. Está satisfecho con su trabajo, pero recalca que en su caso no recibe ningún bono.

Pichincha, Azuay, Guayas y Manabí son las provincias en donde más galenos han regresado a trabajar. Las dos primeras son las que más profesionales tienen, pero así mismo las que más demanda registran.

Byron Mendoza estudió en Uruguay medicina interna y diabetología en Uruguay y luego se fue a trabajar a Chile. Lleva un poco más de un año en Ecuador.  Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Byron Mendoza estudió en Uruguay medicina interna y diabetología en Uruguay y luego se fue a trabajar a Chile. Lleva un poco más de un año en Ecuador. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO


Byron Mendoza regresó de Chile junto con su esposa, también médica, y sus dos pequeños. Su idea siempre fue volver, aunque allá ya llevaban tres años trabajando en centros de salud públicos y el sueldo de USD 4 500, más bonificaciones, que incluyen compensaciones de escolaridad por cada hijo.

Primero siguió medicina interna y luego diabetología, una de las ramas más demandadas por la alta incidencia de pacientes, no solo en Chile sino en toda Latinoamérica, incluido el Ecuador.

Su cónyuge siguió nutrición. Actualmente, ya cumplió un año en hospital del sur de Quito, Enrique Garcés y fue nombrado jefe de la Consulta Externa. Su consulta está copada todo el tiempo. Su esposa está en la Subsecretaría de Atención Primaria, en proyectos de nutrición.

Byron Álvarez, de 30 años, también labora en esta casa de salud, en Oftalmología. Estudió esta especialidad en Guatemala y cuenta con una subespecialidad en retina y vítreo.

Al igual que Mendoza está contento de haber regresado, pero en su caso muestra frustración al no poder atender a sus pacientes con todos los equipos que se requieren.

Las salas de espera están repletas durante las mañanas. Álvarez cuenta que debe enviarles al Eugenio Espejo para que se realicen los exámenes de diagnóstico.

En casos graves de pérdida de la vista no regresan por la demora en el diagnóstico; quienes no cuentan con recursos tardan hasta seis u ocho meses en regresar con el examen; otros optan por irse a clínicas privadas.

Como este hospital es de segundo nivel (mediana complejidad) no puede hacer cirugías, así que también transfieren al Eugenio Espejo, que está desbordado por la demanda y también tiene déficit de especialistas, dice Álvarez.

Este médicos estaba acostumbrado a operar a diario en Guatemala y aquí no hace ni una operación, todas las debe transferir. Entre 10 y 15 pacientes al año son enviados al Eugenio Espejo para operación.

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