11 de abril de 2017 00:00

Ecuador está 30 años en el Polo Sur

Cada año se envían expediciones científicas hacia el Polo Sur.

Cada año se envían expediciones científicas hacia el Polo Sur. Foto: Cortesía INAE

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Diego Ortiz
Coordinador (I)

Cada año, cerca de cinco mil investigadores llegan a la Antártida para analizar la evolución del planeta. Allí, entre quienes estudian el pasado, presente y futuro de la Tierra, se encuentra una diminuta población ecuatoriana que oscila entre las 30 personas, quienes realizan periódicamente expediciones científico-militares para aportar en la comprensión de esta zona.

Desde hace 30 años, Ecuador cuenta con una presencia constante en el Polo Sur. Tras la adhesión al Tratado Antártico, en 1987, el país ha sostenido la iniciativa de investigación denominada Programa Antártico Ecuatoriano, a través del cual se coordinan viajes académicos hacia uno de los puntos más inhóspitos del planeta.

Comparada con un paisaje alienígena, donde la supervivencia se enfrenta a toda clase de desafíos, esta zona contiene uno de los principales registros históricos de la evolución del planeta y dentro de él. En sus capas de permafrost no solo constan las distintas eras geológicas por las que ha pasado la Tierra. Aquí también está resguardado el paso del humano por la historia, el cual se contabiliza en las capas de hielo que han atrapado gases industriales, contaminación y hasta objetos que han recorrido todo el globo hasta llegar a este punto.

Para el comandante y director del Instituto Antártico Ecuatoriano, Juan Carlos Proaño, la presencia del Ecuador ha permitido que investigadores de diversas áreas desarrollen trabajos que mejoren la comprensión de este continente. En efecto, la última expedición contó con la participación de 10 científicos de la universidad De las Américas (UDLA), Fuerzas Armadas (Espe), Católica Santiago de Guayaquil, Técnica del Norte, Pontifica Universidad Católica Sede Esmeraldas y San Francisco de Quito.

Muestra de este trabajo multidisciplinario ha sido la publicación de artículo como, por ejemplo, el de la ‘Avifauna presente en las áreas aledañas a la Estación Pedro Vicente Maldonado, Isla Greenwich’, el cual determinó que en la zona próxima a la estación científica ecuatoriana existen diez especies de aves con 205 nidos localizados.

La presencia del país en la Antártida no solo ha sido un aporte al campo de la ciencia. Un lustro atrás, allí se impulsó el programa Artea, gracias al cual el Ministerio de Cultura y Patrimonio invitó a dos artistas ecuatorianos para que realicen una residencia en el lugar. Producto de ese trabajo nacieron los trabajos ‘18 días en la Antártida’, un performance y serie fotográfica de Rosa Jijón, y ‘From light to light’, en el que Paúl Rosero centra su atención en el paisaje antártico y los sonidos que se producen al interior de bloques de hielo.

De acuerdo con el comandante Proaño, la misión ecuatoriana en la zona tiene como uno de sus principales objetivos que este laboratorio natural sirva como herramienta para la humanidad. Tal como sucedió en 1985, cuando la misión británica detectó por primera vez que la contaminación del aire provocaba la aparición de agujeros en la capa de ozono.

Para este año, el Instituto Antártico Ecuatoriano, además de presentar los trabajos de sus expediciones, tiene como meta difundir su misión en el Polo Sur. Para ello, en los observatorios militares se mostrará a los visitantes imágenes de un continente que guarda la historia de la humanidad y que es el único al cual la guerra todavía no ha llegado.

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