14 de enero de 2018 00:00

La economía necesita más mujeres empoderadas

‘We can do it’. J. Howard Miller produjo este póster para Westinghouse Electric & Manufacturing Company, en la Segunda Guerra Mundial, para incentivar que la mujer trabaje. Se convirtió en un símbolo del empoderamiento.

‘We can do it’. J. Howard Miller produjo este póster para Westinghouse Electric & Manufacturing Company, en la Segunda Guerra Mundial, para incentivar que la mujer trabaje. Se convirtió en un símbolo del empoderamiento.

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César Augusto Sosa
Macroeditor (O)

En el país más igualitario del mundo, Islandia, los hombres ganan entre un 14 y 20% más que las mujeres. Y esa diferencia salarial resulta escandalosa para este país que lleva décadas luchando por reducir las brechas de género.

Las autoridades de Islandia, con un territorio de 103 000 kilómetros cuadrados y una población de 330 000 habitantes tomaron medidas radicales al respecto y los resultados se vieron a partir de este año. Por ley, las empresas y dependencias públicas con más de 25 trabajadores tendrán que demostrar que las mujeres perciben el mismo salario que los hombres por realizar igual trabajo. De esta manera, Islandia se convirtió en el primer país en el mundo en imponer la paridad de género en temas salariales.

La lucha de las mujeres islandesas por la igualdad lleva más de 40 años. En noviembre de 1980, Vigdis Finnbogadottir, una madre divorciada de 50 años, ganó las elecciones presidenciales de Islandia y se convirtió en la primera mujer presidenta en Europa y la primera en el mundo en ser elegida como jefa de Estado a través de elecciones democráticas.

Vigdis ocupó el cargo durante 16 años y en ese tiempo se sembró el camino para que este país insular llegara a ser conocido como el más feminista del mundo. En una entrevista con la BBC, en noviembre del 2015, Vigdis contó que jamás hubiera llegado a la presidencia de no haber sido por lo ocurrido aquel 24 de octubre de 1975.

Ese día, el 90% de las mujeres islandesas se declaró en huelga. Ellas dejaron de trabajar y se tomaron las calles para manifestarse por la igualdad de género. El país se paralizó por completo. Bancos, escuelas y tiendas tuvieron que cerrar.

Ese evento, bautizado como ‘El Día Libre de las Mujeres’, cambió la percepción sobre las mujeres en Islandia y ayudó a situarlo a la vanguardia de la lucha feminista. “Lo que ocurrió ese día estableció el primer paso para la emancipación de las mujeres en Islandia y abrió los ojos de muchos hombres”, dijo Vigdis.

Las reformas implementadas durante las décadas siguientes permitieron, por ejemplo, que las mujeres islandesas ocuparan más escaños en el Parlamento.

El establecimiento de la Alianza de Mujeres, en 1982, generó un gran avance en la participación femenina en la política. A través de esta plataforma se plantearon demandas de las mujeres, como guarderías para niños, con el fin de que ellas pudieran participar en el mercado laboral en igualdad de condiciones que los hombres.

En 1983, por primera vez en la historia de Islandia, hubo un fuerte aumento en la cantidad de mujeres en el parlamento que pasó de cinco a 15 miembros de un total de 60.

El año pasado, Islandia encabezó por noveno año consecutivo el Índice Global de Brechas de Género, elaborado por el Foro Económico Mundial y que incluyó a 144 países. Ecuador ocupó el puesto 42.

El índice mide las diferencias entre hombres y mujeres en cuatro áreas: economía, salud, educación y política. La primera, por ejemplo, cuantifica las brechas salariales y la participación en las empresas.

En este índice, las diferencias entre países ricos y pobres pasa a segundo plano, pues la medición se hace independientemente de los niveles generales de ingresos. Por eso, países relativamente pobres pueden tener un buen desempeño.

Ruanda y Nicaragua, por ejemplo, se encuentran en el top 10 del ranking de los países más igualitarios del mundo, lo cual envía un mensaje a los gobernantes: el poder económico no significa más igualdad entre los sexos.

De hecho, países con menores ingresos distribuyen mejor sus recursos y oportunidades que aquellos que integran el poderoso G20, donde están los 20 países más desarrollados del planeta.

El ranking está liderado por los países nórdicos, que tienen mejores políticas de igualdad, que incluyen cuotas de género en las juntas directivas o un permiso parental generoso.

Francia y Alemania, que forman parte del G20, apenas ocupan los puestos 11 y 12 del ranking, respectivamente.

Un estudio de la consultora Ernst&Young, publicado esta semana por la Agencia Alemana de Prensa, revela que en el 73% de las empresas alemanas los altos cargos están ocupados únicamente por hombres, mientras que el 27% de empresas cuentan al menos con una mujer en un puesto directivo.

Las cifras muestran que el avance de las mujeres en el ámbito empresarial aún es muy limitado, pese a que el Gobierno de Angela Merkel impulsó hace tres años varias medidas en favor de la igualdad. Hace tres años, Alemania aprobó una ley que obligaba a las grandes empresas alemanas -aquellas con más de 2 000 empleados- a implantar una cuota del 30% de mujeres en sus consejos de administración a partir de 2016.

Además, desde el 6 de enero pasado, en Alemania entró además en vigencia una nueva ley que permite a las empleadas de empresas con más de 200 trabajadores conocer el sueldo medio de sus compañeros varones que ocupen un puesto similar.

La transparencia de la información ayuda a reducir las brechas de género, lo cual no solo es justo, sino que contribuye a mejorar el desempeño económico de los países.

Si las mujeres pudieran participar equitativamente en la economía, se añadirían 28 billones de dólares al PIB mundial en 2025, lo que equivale a la suma de las economías de Estados Unidos y China, según un estudio de Mckinsey Global Institute, del año pasado.

Sin embargo, el año pasado hubo un retroceso para cerrar la brecha de género, según el Foro Económico. Y con la actual tasa de progreso, esta tardará 100 años en cerrarse.

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