27 de junio de 2015 17:42

Do Pingüé Terapia Festiva llega para parodiar las formas de poder

Los martes y los jueves se presenta en la Plaza del Teatro. Los domingos en la Plaza Grande.  Foto: Gabriela Vivanco/ EL COMERCIO

Los martes y los jueves se presenta en la Plaza del Teatro. Los domingos en la Plaza Grande. Foto: Gabriela Vivanco/ EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 14
Gabriela Vivanco
Redactora (I)

En la casa de Juan Sánchez suena la música de Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio. Tararea las canciones sentado frente a su computadora. Sus tres perras Mackenzie, Vergüenza y Merluz aprovechan para entrar a la sala y curiosear un poco.

Está nervioso y no lo disimula: come un caramelo de tamarindo, enseguida otro más y guarda algunos en sus bolsillos. A pesar de llevar 19 años de ‘juegos’, sigue sintiendo ansiedad antes de cada presentación. Quizás un poco más que de costumbre porque no lo acompañará su fiel amiga desde hace nueve años Merluz; está enferma.

Son las 15:00 y los rayos del sol pegan intensamente. Sale de su hogar con un overol celeste, medias de colores y zapatos de payaso. Lleva una maleta con ruedas donde guarda todos los implementos para sus números. Su atuendo permite ver los tatuajes en sus brazos, son tres, cada uno tiene “su historia de vida”, dice.

No tiene horario definido, pero es muy disciplinado con su rutina. El martes y el jueves se presenta por las tardes en la Plaza del Teatro. Los viernes y sábados el juego es en La Ronda y los domingos en la Plaza Grande.

Es martes y le toca en la Plaza del Teatro. “Llegamos un poco tarde”, dice. Lo dice a propósito de varios artistas callejeros que ya se están presentado. Un titiritero en una esquina, quien hace bailar al ritmo de rock y de blues a sus marionetas cadavéricas; en la otra, un hombre supuestamente levita; en la tercera, los Eclipse Solar se visten para empezar su intervención de teatro social.

Sánchez trabajó con “los Eclipse”. Lo primero que hace es saludar a sus conocidos, que después de unos minutos resultan ser bastantes.

Cataloga a sus intervenciones como un juego con todo y todos, calle, personas, buses, carros, en las que “manda un poco de mensaje”. Un mensaje de resistencia y de amor. “El payaso está todo el tiempo interpretando la sociedad”, señala. Mi trabajo es ser obrero de las artes, “vivo 24 horas payaseando”, agrega.

Es hora de maquillarse. Se pinta el rostro con tres colores los ojos y la boca blancos, la nariz, frente y pómulos rojos y la barba y las cejas negras - “es para que se me vean”, bromea-. Mientras coloca la pintura en su rostro comenta que históricamente el payaso ha ejercido un rol político; “el juglar ha estado ahí siempre para parodiar a las formas de poder”.

Mientras se maquilla, algunos niños se acercan, también viejos y nuevos conocidos. A todos trata con cariño. Para él es fundamental amar a todos, aclara que es un principio anarquista de solidaridad.

Después de 20 minutos de maquillaje y preparación, Do Pingüé Terapia Festiva, uno de sus nombres artísticos, está listo para hacer locuras. El payaso es un loco que dice la verdad –señala con una sonrisa-. “No la plantea de ladito, te golpea. El chiste es una verdad fundamentada”.

El payaso de por sí va en contra de la sociedad. “La sociedad te obliga a no fallar, a ser un sujeto exitoso”, el payaso se acepta con sus defectos y sus virtudes y les saca provecho, se muestra sincero, comenta al tiempo que espera que sus compañeros terminen su acto, ante unas 70 personas.

Llega su turno, tiene poco tiempo, pronto se pondrá el sol. En sus actos participan varios espectadores. Incluye un poco de magia y mucho movimiento corporal, las palabras –“solo las justas y necesarias”, indica. Su juego estrella es con un cubo -cada lado mide un metro-, el payaso lo mueve, lo hace volar en el aire, los espectadores están hipnotizados, los movimientos son veloces.

Parece que va a terminar. “Hagan el amor en las calles y en las plazas (…) y en solo nueve meses tendrán hijos locos, bendítamente locos y por locos libres, y por libres bellos, que harán un paraíso de este maldito infierno, donde las banderas se pudren patrióticamente y las madres amamantan para que sus hijos se vayan a la guerra”, así culmina el acto, mientras los espectadores se quedan estupefactos. Un aplauso rompe el silencio.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (9)
No (0)