15 de noviembre de 2016 11:20

Ecuatorianos se encomiendan al Niño de Praga para emigrar sin papeles a EE.UU. antes de la posesión de Donald Trump

Los ecuatorianos buscan llegar antes de que el republicano asuma el poder

Los ecuatorianos buscan llegar antes de que el republicano Donald Trump asuma el poder. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Manuel Quizhpe
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El templo del Niño de Praga, en el sur de Cuenca, es una parada casi obligada para quienes buscan emigrar a Estados Unidos. Sus paredes están repletas de centenas de placas de agradecimiento de viajeros que cumplieron ese objetivo.

Allí, al mediodía del lunes 14 de noviembre de 2016, cinco azuayos (tres mujeres y dos hombres) oraban con sus ojos cerrados para llegar a Estados Unidos. En sus manos tenían dos velas encendidas y estaban frente a la imagen del Niño.

Luego de rezar, Juan Pablo (nombre protegido), de 18 años, tomó un pequeño bolso negro y salió del templo para dirigirse a su hogar en la parroquia cuencana de Ricaurte. Algo nervioso contó que hace un mes intentó viajar sin visa a Estados Unidos. En bus se trasladó hasta Lima y desde allí voló a El Salvador. Después de 11 días, cuando intentaba tomar un vuelo hacia México, fue detenido y deportado.

Hace dos semanas llegó a la capital azuaya, pero quiere intentarlo otra vez, antes de que Donald Trump asuma la Presidencia de Estados Unidos. Le preocupa que los controles en la frontera con México aumenten en enero de 2017.

Él cree que sí puede conseguir trabajo, porque sabe albañilería y mecánica industrial. Sus familiares, especialmente, su madre le piden que no lo haga. “Pero cómo hago para pagar los USD 6 000 que debo a la persona que me está llevando. Además, me prometió que no me cobraría nada adicional por el segundo intento”.

En el santuario del Niño de Praga, los otros jóvenes, entre 22 y 26 años, también desean emigrar lo antes posible, pero no quieren dar detalles. Están a la espera de la llamada del ‘coyote’ (quien les llevará).

Según Walther Sinche, de la Alianza Ecuador Internacional con sedes en Cuenca y Queens, desde el viernes pasado ha recibido cuatro llamadas de ecuatorianos que buscan asesoría para emigrar antes que Trump asuma. Esta organización comunitaria está dedicada a promover la tolerancia racial hacia los ecuatorianos en Nueva York.

“Les recomiendo que busquen migrar de forma legal y que no arriesguen sus vidas. Pero me dicen que en Ecuador no hay opciones y que quieren venir”. Son cuatro personas que ya fueron deportadas anteriormente, dice Sinche. Tres son del Austro y uno de Francisco de Orellana.

En San Pedro de Hierbabuena, de la parroquia Turi, al sur de Cuenca, viven familiares de migrantes. Ángel, de 22 años, se planteó hace tres años viajar a Nueva York para reunirse con sus tres hermanos mayores, pero luego desistió. Ahora quiere irse antes de “que se construya el muro en la frontera con México”.

El sueño de este mecánico es trabajar para comprar una casa y un vehículo como hicieron sus tres hermanos; de ellos solo uno legalizó su permanencia en Estados Unidos. “Me quiero ir porque en Ecuador se trabaja y no se puede ahorrar”.

El primo y el tío de Fanny, en cambio, adelantaron el viaje por la cercanía de las elecciones presidenciales. Según ella, aunque ellos se desplazaron antes del triunfo de Trump, no querían correr riesgo porque “en las noticias decían que tenía posibilidades de ganar”.

Ellos volaron a Colombia y luego a México y desde allí por tierra hasta Nueva York. Fanny dice que sus familiares están temerosos porque no conocen el movimiento en Nueva York, por lo que no han salido a buscar trabajo.

Andrea Ledesma, de la organización 1800 Migrantes, dice que antes del triunfo del republicano recibía a 10 personas por semana que consultaban cómo emigrar, pero en los últimos días nadie llegó. La asesoría consiste en sacar la visa y viajar de forma legal.

Ella agrega que la emigración no frenó, más bien cree que aumentó. Aunque no hay estadísticas, ella aporta con un dato. En su oficina se tramitan más poderes para los familiares de quienes emigran. Este año subió entre un 30 y 40% en relación con el 2015.

Pablo, por su parte, quiere irse de forma legal para visitar a su padre y tres hermanos en Queens. La semana pasada le negaron la visa. “Estoy preocupado porque quería presentarme otra vez, pero Trump ha de poner más restricciones”.

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