5 de abril de 2015 21:32

El alimento destinado al tacho de basura puede aprovecharse mejor

El Banco de Alimentos Diakonía pertenece a la Arquidiócesis de Guayaquil y funciona desde hace 11 años. Foto: foto: Emrique Pesantes/ EL COMERCIO

El Banco de Alimentos Diakonía pertenece a la Arquidiócesis de Guayaquil y funciona desde hace 11 años. Foto: foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora (I) 

El alimento viajó unos 400 kilómetros, pero nadie lo aprovechó y se desperdició. Llegó desde Cotopaxi y demoró casi tres meses en brotar de la tierra. Aunque es apetecido en EE.UU., Japón y Alemania (unas 70 000 toneladas se exportan al año), este brócoli se pudre en un tacho de basura de un mercado de Guayaquil, con más restos de comida. Terminará en el botadero, en un círculo de consecuencias humanitarias, ambientales y económicas.

Cada año, unas 1 300 toneladas de alimentos no llegan a la mesa o se desechan luego de pasar por esta, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El 6% corresponde a América Latina, una cantidad que serviría para alimentar a 30 millones de personas -el 64% de quienes sufren hambre en la región-.

En Ecuador no hay cifras claras de la pérdida de alimentos. Pero la FAO incluye al país entre los 12 del continente donde los alimentos que se desperdician -por ventas al detalle- bastarían para alimentar a suficientes personas para lograr erradicar el hambre.

¿Dónde y por qué se pierden los alimentos? Las mermas ocurren desde el campo hasta el consumo final.

Para reducir esas cifras, el mundo catapulta iniciativas como la Estrategia de Reducción de Pérdidas y Desperdicios (de la FAO), que comenzó en septiembre del 2014 para América Latina. Por ahora se levanta un estudio regional.

En Ecuador hay propuestas. Para César Moreira, docente de Ingeniería en Alimentos de la Escuela Politécnica del Litoral (Espol), las falencias en la poscosecha, en especial entre pequeños productores, causan 20% de pérdidas en el agro. Como solución, dice, se podrían diseñar contenedores móviles, con cuartos de frío para llevarlos a los sitios de cosecha.

La capacitación de agricultores, en temas como el punto óptimo de maduración, también ayudaría, explica. Sin embargo, indica Moreira, concretar estos planes depende de una articulación entre el Estado, la industria y la academia.

Otro escenario de pérdidas es la industria, donde los estrictos estándares de calidad (color, tamaño, maduración) marcan la diferencia entre el producto aprobado y el desechado. Estos últimos tienen una segunda oportunidad en industrias dedicadas a elaborar subproductos. Grace Vásquez, coordinadora de la carrera de Ingeniería en Alimentos de la Espol, pone como ejemplo el banano. El que no se exporta puede convertirse en compotas y hasta deshidratados.

Dar un valor agregado a esos productos no tan apetecidos por los consumidores, y que por ello se pierden, es el objetivo de una red de investigación de cereales, pseudocereales, raíces y tubérculos, liderada por la Espol. La meta es evitar la extinción de alimentos ricos en nutrientes como camote, papanabo, zanahoria blanca.

A través de la industrialización, señala Vásquez, se pueden crear sopas instantáneas, barras nutricionales, pan y harinas compuestas. Así, sus ingredientes, que al ambienteperecerían en tres semanas, durarían cerca de un año. Al final, los residuos también tendrían utilidad.

Alimentos para animales de granja y el aprovechamiento del metano de la descomposición orgánica son otros ejemplos para evitar el desperdicio. En Suecia, el metano de la basura se transforma en energía para calefacción y electricidad. En Ecuador, Cuenca desarrolla un proyecto similar, con una planta de biogás.

Otro aliado en la lucha contra los desperdicios es el banco de alimentos. En Guayaquil se levanta la bodega de Diakonía, que almacenan las donaciones de 16 empresas. El alimento es suministrado a 40 agencias beneficiarias a cambio de una cuota solidaria, equivalente al 10% del precio original. Esa comida va a 10 000 personas de escasos recursos; 85%, niños.

Según Federico Recalde, gerente de operaciones del banco, al mes manejan de 6 a 7 toneladas de alimentos. Más empresas toman conciencia de no quemar o botar los productos que, por fallas en envases, etiquetas o que están próximos a caducar, no llegan o salen de las perchas del supermercado.

Estudios de la carrera de Nutrición de la Espol, que colabora con Diakonía, revelan que la preparación de platos, con ingredientes de alto valor nutricional del banco, puede costar USD 0,80 y alcanzar para cuatro personas.

Para ampliar la lista de productos, buscan adquirir legumbres y frutas que se pierden en el mercado de Montebello en Guayaquil. Al día en ese lugar se pierden entre 1 y 2 toneladas
de alimentos, dice Recalde.

Los portales en Internet son otra herramienta útil a la hora de sacarle jugo a los desperdicios. El portal Piensa-Aliméntate-Ahorra es una iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), en colaboración con la FAO, y está dirigido a los consumidores, con prácticos consejos de compra, porciones y alternativas de preparación.

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