El despegue de precios en la ciudad

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Víctor Vizuete E.  
Editor
vvizuete@elcomercio.com

Conservar el patrimonio edificado no es guardar la plata en saco roto: es una verdadera inversión que, bien planificada, retribuye ganancias a los municipios. Y en algunos rubros, principalmente en el sector turístico.

En Quito y otras ciudades ecuatorianas, esta preservación fue, originalmente, una preocupación de la élite cultural. Hoy es promovida por organizaciones de la sociedad civil, las agendas estatales y la ciudadanía en general.


Lamentablemente, esta preocupación patrimonial es tan vasta que supera la capacidad económica que el sector público tiene para destinar a esos ajetreos, por lo que necesita mucho de la inversión privada que, hasta ahora, ha llegado a cuentagotas.


Es más, el proceso conservacionista trajo adosados dos problemas urbanos: el deterioro de muchos inmuebles y la especulación del suelo.
¿Por qué deterioro? Porque muchos propietarios abandonan sus bienes a la espera de mejores condiciones de venta.

Este abandono disminuyó el retorno que obtienen las inversiones inmobiliarias privadas, los flujos de rentas y la rapidez de venta de los inmuebles. En otras palabras: frenó la inversión privada.


El otro factor, la especulación del suelo y el m² construido, es todavía más nocivo.

En Quito, los precios del m² en ciertos lugares del Centro Histórico están, literalmente, por las nubes. Obviamente, ha sido el principal freno para la inversión privada en la zona.


Hay lofts y departamentos de 180 m² que se venden en USD 290 000. ¿Caro, no?
¿Cómo mejorar este panorama?

La solución está en quienes manejan la cosa inmobiliaria en la urbe. El control municipal de precios es una opción.

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