6 de octubre de 2014 20:31

Descifrar temprano el autismo reduce las consecuencias

Los chicos del Centro Psicoeducativo Isaac reciben clases y varias terapias. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO.

Los chicos del Centro Psicoeducativo Isaac reciben clases y varias terapias. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO.

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 4
Sorprendido 3
Contento 0
Elena Paucar. Redactora (I)
epaucar@elcomercio.com

¿Su hijo le mira a los ojos cuando le habla?, ¿imita sus movimientos?, ¿entiende cuando usted le dice que haga algo?, ¿se ha preguntado si es sordo?

Estas son algunas de las 20 preguntas del M-Chat, un test que dura unos dos minutos y que aporta datos a la detección temprana de riesgo del Trastorno Espectro Autista (TEA), en niños de entre 18 y 36 meses. Fue diseñado en 1999 por Diana Robins, Deborah Fein, Marianne Barton. Y, actualmente, junto con herramientas similares como el CSBS DP -preguntas sobre el desarrollo del bebé-, sirve de base para elaborar un test en el Ecuador.

La doctora Susana Mata estudia casos de autismo desde 1997; ahora realiza un doctorado en Neurociencia Cognitiva y Educación en la Universidad de Valencia (España). Y en este año, con el respaldo del Instituto Nacional en Investigación en Salud Pública (Inspi), decidió diseñar un ‘checklist’ local para identificar los rasgos del TEA en niños de 18 a 36 meses.

“Generalmente se da el diagnóstico cuando los niños son grandes. Es tiempo perdido que afecta a su desarrollo, su capacidad de comunicación y fortalece la agresividad”.

El software de preguntas se probará en un grupo de centros de salud. Ese será un primer paso tras el objetivo de esta investigadora, que busca que el test se generalice como política de salud pública. “Si los datos lanzan alertas se harán otros chequeos. Y de confirmarse el diagnóstico se aplicarán múltiples terapias para mejorar la calidad de vida de los pequeños”.

Según el DSM5 (manual de trastornos mentales de la Aso. Americana de Psiquiatría), el autismo es un conjunto de trastornos del neurodesarrollo que generalmente dura toda la vida.

La voz sutil de Saskia resuena en los corredores del Centro Psicoeducativo Isaac (norte de Guayaquil). Tiene 15 años y casi todo el tiempo canta.

Daniel, de 8, está concentrado en rasgar tiras de papel morado. Debe llenar el contorno de una figura y nada más importa. Mónica Álaba, su mamá, halaga el trabajo; él es indiferente.

“Cuando cumplió 6 meses noté que algo no estaba bien -recuerda la madre-. Su cuerpo era flácido y su cabeza rígida. Pero a los 2 años cambió. No hablaba, se volvió agresivo y cuando jugaba con carritos solo se enfocaba en las ruedas”.

El diagnóstico la impulsó a convertirse en voluntaria del Centro Isaac, donde 12 chicos con autismo reciben terapias de lenguaje, conductuales, ocupacionales, aprenden trazos y palabras, como en una escuela.

María Lorena Espinoza es su fundadora. Su hijo Isaac, de 11 años, tiene autismo severo. “A él las puertas se le cerraron”.

Por él estudia Psicología Clínica y desde 2007 ha emprendido congresos y otras iniciativas para que se configuren políticas públicas a favor de la inclusión de personas con autismo.

Uno de esos planes surgió el 2012 en el Colegio Politécnico. El proyecto Nuestro Reto capacita a estudiantes de Bachillerato en técnicas como canoterapia, hidroterapia y juegos para interactuar con chicos con autismo. La idea se amplió a 14 colegios del país.

La Secretaría Técnica de Discapacidades (Setedis) trabaja en el Plan Nacional de Abordaje Integral del Autismo, con el apoyo de la organización Austism Speak.

La Setedis calcula que existirían 140 000 personas con TEA en Ecuador. Pero para tener cifras más claras, se creó un plan de incidencia y prevalencia.

En el mundo se alerta que los casos de autismo van en aumento. El Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) publicó recientemente que uno de cada 68 niños estadounidenses tiene autismo. En el 2000 se hablaba de un caso por cada 150; en 2008, de uno de cada 88. Es decir, hubo un aumento de cerca del 30% en apenas dos años.

Uno de los estudios de la Escuela de Medicina Albert Einstein, de Nueva York, midió la severidad de casos de autismo a través del análisis de las ondas cerebrales. 43 niños con TEA participaron. Al final, se confirmó que ellos procesaron la información más lentamente que los niños con desarrollo típico.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)