15 de August de 2010 00:00

El derrame se paró pero el drama continúa en el Golfo de México

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Olga Imbaquingo

El peor desastre ecológico de EE.UU. comenzó el 20 de abril de este año. El pasado miércoles aparentemente terminó: la BP acaba de cerrar, después del cuarto intento, el vertido de crudo de una plataforma submarina.

Así, el más oscuro capítulo en la historia de la BP, la más importante empresa de petróleo británica, quizá está llegando a su fin, pero comienza otro difícil de superar: redimir la confianza y limpiar, además del crudo en las playas, la imagen hoy completamente manchada, pese a los millones que invirtió para promover una estampa de empresa amigable con el ambiente.

“Alrededor del 26% del petróleo emanado del pozo de BP todavía está en el agua o en las orillas lo cual, en principio, podría causar nuevos problemas”, señala uno de los últimos artículos de The New York Times.

Aparentemente estas manchas de crudo se estarían disolviendo muy rápido, lo cual deja en ciernes otra preocupación: la intoxicación a la vida marina y silvestre por el exceso de dispersantes como el Corexit 9500.

Según la Agencia de Protección Ambiental, el Corexit 9500 es más tóxico que los dispersantes hechos por varios competidores pero que son menos efectivos. La Agencia ordenó a BP cancelar el uso de ese dispersante, pero la petrolera insistió en que esa era la mejor alternativa y continuó esparciéndolo.

El vocero Scott Dean defendió estas acusaciones ante la prensa, en Nueva Orleans, señalando que BP ha venido operando en conjunto con la Agencia de Protección Ambiental y con la guardia costera y bajo las recomendaciones del Acta de Contaminación de Crudo de 1990.

La mancha negra de crudo además de ensuciar las playas y los pantanos de Louisiana, Misisipi, Alabama y Florida también manchó la imagen del Gobierno del presidente Barack Obama.

El derrame en los titulares, durante 104 días, expuso a la administración Obama al escrutinio público, que la acusó ausente de la realidad e incapaz de tomar acción inmediata. Las falencias que minan los controles a las empresas petroleras desde mucho tiempo atrás, también quedaron al desnudo y esas -al igual que la limpieza- son tareas que exigen una acción urgente.

“Vamos a ver qué hemos aprendido de este incidente; y a observar nuestra cultura y nuestras operaciones de seguridad”, dijo Robert Dudley, el nuevo presidente de BP durante una conferencia telefónica a un grupo reducido de periodistas, entre ellos los de The New York Times.

Las noticias que llegan del Golfo hablan de que las playas están abiertas, las restricciones para empezar las tareas de pesca se empiezan a revertir, los hoteles vuelven a llenarse otra vez, pero eso no basta para disolver las preocupaciones y la escasez de productos del mar en esa región.

Mery Pérez tiene un negocio de venta de comida en Phoenix. Encontrar atún y sardina para los encebollados no ha sido fácil estos días. “Hace dos meses compré la libra a USD 3,99. Hoy en la gran distribuidora no había. Me dijeron que han dejado de pescar en el golfo porque los peces están contaminados”.

Para satisfacer a su clientela ella tuvo que comprar el producto venido de Japón. La libra costó USD 7,99, mientras las noticias que advierten sobre los riesgos de pescado contaminado del golfo inundan los noticieros.

Las -hasta antes de abril- cristalinas aguas del golfo, según un extenso reporte del influyente diario electrónico The Huffington, están sometidas a una intensa operación de limpieza. “Ahora contienen petróleo y dispersante a una profundidad desconocida”, se escribe en el reporte, que relata el dramatismo de una región antes llena de vida marina y terrestre y hoy desolada.

A la par está otra devastación de la que no se habla mucho: la vida silvestre de amplísimas zonas desapareció, tanto que hoy los periodistas que acuden al lugar se preguntan ¿Dónde están las tortugas, los delfines, los pelícanos y toda la fauna aviaria? Esos son los otros caídos silenciosos de esta tragedia.

La sensación es que se perdió o está a punto de perderse la oportunidad de apretar el botón rojo que dé comienzo a la reversión de la dependencia que sufre la sociedad frente al crudo, mientras EE.UU. sigue consumiendo un 25% de toda la producción mundial de petróleo.

“Creo que los estadounidenses necesitamos retomar el futuro energético del control de las petroleras”, dice Dave Rauschkolb, creador del movimiento Hands Across de Sand, cuya misión es promover energías limpias y evitar la producción petrolera en el mar. La sensación generalizada es que las petroleras son las que dictan la política energética.

Mientras que Alabama demandará a la petrolera BP por daños y perjuicios, según anunció el fiscal general del estado Troy King. “Causaron graves daños y por ello van a tener que pagar una compensación”.

La demanda es contra BP así como contra las empresas colaboradoras que trabajaban en la plataforma que se hundió, Deepwater Horizon, las firmas Anadarko y TransOcean.

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