28 de agosto de 2015 00:00

El francés Denis Monfleur expone tallas en piedra inspiradas en Ecuador

Denis Monfleur esculpe “la vida” que tiene cada piedra. En Guayaquil trabajó con diorita verde de Jama (Manabí). Expone 40 trabajos en Plaza Lagos. Foto: Gabriel Proaño / EL COMERCIO

Denis Monfleur esculpe la vida que tiene cada piedra. En Guayaquil trabajó con diorita verde de Jama (Manabí). Expone 40 trabajos en Plaza Lagos. Foto: Gabriel Proaño / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil (I)

Entre lo simbólico y lo real se mueven las esculturas de Denis Monfleur, que parece llevar hasta las últimas consecuencias aquel postulado suyo de que “lo figurativo no siempre es una renuncia a la imaginación”. La nueva obra del francés está inspirada y fue tallada en Ecuador.

El artista visitó la noche del pasado martes la Universidad de las Artes (UArtes), en Guayaquil, donde brindó una charla magistral y abrió una exposición en La Plaza de la Fuente, del centro comercial Plaza Lagos (Samborondón), que será inaugurada oficialmente este viernes 28 de agosto y permanecerá abierta hasta el 27 de septiembre.

El trabajo de Monfleur, que parece estar basado en lo inacabado, consiste en esculpir formas preferentemente humanas sobre piedra en una mezcla entre corrientes clásicas y contemporáneas.

Pero él aclara que hay una diferencia entre lo terminado y lo acabado: “Todas mis obras están acabadas, dan la impresión de no haber sido terminadas y eso forma parte de la obra”. Las piezas –dice- le dejan un campo libre a la mirada y a la interpretación del espectador, a los que les propone descubrir lo que él vio en la escultura.

“En las obras que yo produzco las anatomías nunca son verdaderas. Una obra muy anatómica es muy aburrida”, le dijo el escultor a EL COMERCIO. “Las anatomías de Miguel Ángel y de Rodin también son falsas, guardan un poco de diferencia con la realidad, y esa pequeña diferencia es la que las hace vivir. Eso es lo que busco”.

Las 40 piezas que exhibe en Plaza Lagos, que son de entre 15 a 60 centímetros, las trabajó durante dos semanas en un taller de Guayaquil, con piedra diorita verde traída desde Jama (Manabí). Las muestras arqueológicas que visitó en Guayaquil y Quito inspiraron obras como ‘Divinidad Guayas’, un homenaje a Ecuador, y Jinete de diorita, que cristalizó en dos piedras.

A Monfleur le resulta “incómodo” decir que talló tantas obras en tan corto tiempo, algo que no hubiera podido lograr con un estilo más realista. Pero recuerda una anécdota de Pablo Picasso que dijo que le llevó 50 años de experiencia crear una paloma de trazos sencillos, que dibujó en realidad en pocos segundos.

En la charla de la UArtes el escultor mostró el video ‘La vida en piedra’, que recoge algunas de sus obras realizadas durante sus 30 años de trayectoria. El video revela la prolijidad y la minuciosidad para construir sus obras con bloques de diorita que son cortados, rayados, manchados y lijados y que, de a poco, van tomando forma.

En su trabajo destacan esculturas hechas en miniatura hasta monumentales tallados que reposan en ciudades como Nueva York, Berlín, Nápoles, y París.

A sus 53 años, insiste en que el tallado es una actividad que lo nutre permanentemente. Él ve en su materia prima algo lleno de vida y no inerte, como es generalmente catalogada. “Para mí, la piedra, orgánicamente, está tan viva como la madera; la única diferencia es que no florece, su savia está adentro y hay que ir a buscarla”.

Monfleur se abrió a la influencia que le produjo el entorno ecuatoriano. Siente una tracción especial por América Latina, aunque entiende más español del que puede hablar. Tras una exposición el año pasado en Uruguay prepara para 2016 un periplo por Brasil, mientras seguirá esculpiendo la vida que encuentra en cada piedra, poniendo al descubierto su corazón.

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