28 de junio de 2016 00:00

Delitos de odio preocupan a los Glbti

Salma recuerda a su amiga la J., quien fue asesinada en su gabinete en un barrio en el sur de Guayaquil, en el 2014.

Salma recuerda a su amiga la J., quien fue asesinada en su gabinete en un barrio en el sur de Guayaquil, en el 2014. Foto: Wladimir Torres / El Comercio

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Elena Paucar

Marilyn Monroe fue su última inspiración. Esa noche usó una body beige, medias nailon, una peluca rubia, abundante maquillaje y subió al escenario. Después de esa presentación Kristal no volvió más.

El 15 de marzo del 2015 una de las divas transformistas de una discoteca de Guayaquil desapareció. Era de madrugada cuando tomó un auto rojo para volver a casa; cinco días después la encontraron junto a la vía a Daule, en el norte, y luego de pasar por varios hospitales murió.

Jesús, un transmasculino, era su confidente y uno de los pocos que sabía que Kristal era en realidad Alejandro. “Éramos como una sombra. Yo le ayudaba con el vestuario, el maquillaje... donde él estaba, yo estaba”.

Pero esa noche no pudo acompañarle y lo lamenta. Desde entonces, para compensar su ausencia, se empeñó en descubrir qué pasó esa noche. “Hablé con muchas personas. Unos dijeron que había bebido mucho; otros, que la habían drogado. Y alguien vio que el chofer del auto la saludó por Kristal. Quise poner la denuncia, pero no pude”.

Entre 2010 y 2015, el Observatorio de Justicia Glbti (gais, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales) reportó 32 asesinatos contra miembros de la comunidad. El progreso en sus investigaciones es seguido por una comisión integrada por la Fiscalía, el Consejo de la Judicatura y los ministerios del Interior y de Justicia. En junio del año pasado el informe de Avances en políticas integrales para personas Glbti determinó que el 7% de casos tenía sentencia ejecutoriada frente a 37% en investigación previa (ver gráfico).

Diane Rodríguez es la presidenta de la Federación Ecuatoriana Glbti y cree que los casos pueden ser muchos más. Por ejemplo, hace tres años, un estudio hemerográfico realizado por Silueta X revisó varios periódicos entre 1990 y 2013. Así identificaron 82 asesinatos; el 79% fue contra transexuales.

Para Rodríguez, una de las grandes trabas para lograr cifras claras es la falta de denuncias. “Muchas familias no siguen un juicio porque creen, erróneamente, que por ser Glbti iban a terminar así (…). Además hay que fortalecer más el acceso a la justicia”.

La familia de Kristal no quiso denunciar su muerte; su padre ni siquiera sabía de su vida nocturna. Así, enterraron su cuerpo y prefirieron olvidarlo todo. Jesús solo se consuela viendo sus fotos y videos en Facebook, con cabello rojizo o negruzco, con faldas cortas o ceñidos trajes de lentejuelas.

Salma también revive a la J. cuando abre su computador. “Era una señora guapa, muy alegre, una de las mejores estilistas de la ciudad; este año cumpliría 50”, dice. De ella solo le quedó un gabinete de paredes verdes al que llama su ‘embajada’. Está ubicado en un barrio conflictivo en el sur de Guayaquil, aunque allí dentro -dice Salma- no hay peligro.

Pero no siempre fue así. Hace dos años esa fue la escena de un crimen. El lunes 21 de abril del 2014 encontró a su amiga, mentora, jefa y transgénero -al igual que ella- en el suelo, con dos puñaladas en el cuello. “Aún no olvido ese olor de la sangre. En las paredes había manchas y un torbellino había pasado por ahí. La mataron por robarle tonterías”.

El informe sobre la situación de los derechos humanos de las poblaciones Glbti del 2013 resume que en la mayoría de los casos las víctimas han sido “halladas en sus departamentos”, “asfixiadas o apuñaladas” y con “claras señales de odio”.

El documento además pide que se aplique la resolución de la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU, que exige a los Estados investigar con prontitud todos los asesinatos, incluidos los causados por orientación sexual.

En Ecuador, el Código Orgánico Integral Penal tipifica los actos de odio por identidad de género. El art. 177 recalca que quienes cometan actos de violencia física y psicológica de odio por esta causa podrían recibir pena de prisión de uno a tres años. Si hay muerte, la pena puede llegar hasta 26 años.

La Clínica Jurídica Lgbti de la Fundación Ecuatoriana Equidad presentó en mayo 2016 un resumen del Informe en Curso Sobre la Situación de los DD.HH. a la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Ahí se menciona que no hay forma de saber si las víctimas de homicidio, asesinato o lesiones son personas Glbti, ni aún en los casos de delitos de odio. Hay una estadística general (132 en el país en 2014) y no se conoce la motivación del delito.

El asesino de la J. apenas tenía 19 años. Vivían en el mismo barrio del gabinete y le robó una tablet, su celular y algunos pares de zapatos para conseguir droga. “Yo puse la denuncia y seguí el juicio.

Le dieron 25 años pero en noviembre murió en la cárcel”, dice Salma. Este fin de semana, sorprendió la muerte de Xavier Hidalgo, un conocido libretista de series de televisión.

Su familia dice que su asesinato tiene tintes homofóbicos. El jueves en la mañana fue encontrado agonizante en la vía Durán Yaguachi sin ropa y aparentemente atropellado por un vehículo. Horas después murió en un hospital. Su hermano cree que la agresión que habría sufrido fue por su orientación sexual.

Para Andrea Bravo, el odio hacia la comunidad puede manifestarse con una burla, aparentemente inofensiva, y terminar en muerte. Para incentivar que se denuncie todo tipo de agresión, esta transfemenina creó el Observatorio Antiacoso Callejero, que recepta quejas a través de Internet.

“A diario somos víctimas de insultos y bromas en las calles, en especial las transfemeninas porque somos más visibles. Eso no es normal y no debemos acostumbrarnos; debemos denunciarlo”. Hace tres años, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) hizo un primer diagnóstico de esa encrucijada que vive la comunidad. En situaciones de violencia, el 35% de los 2 805 encuestados confirmó que estuvo expuesto a gritos, insultos, amenazas y burlas.

El show de Kristal no siempre agradó a todo el público. Jesús recuerda que en ocasiones debía retirar las botellas que lanzaban sobre el escenario, pero nunca pensó que acabaría desnuda junto a un carretero.

“Lo que él hacia lo hacía por su mamá, para sus medicinas. Siempre decía: Alejandro viste y trabaja para Kristal. Y Kristal trabaja para la mamá de Alejandro”.

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